Mi etapa en Japón daba a su fin después de unos tres meses inolvidables. Me dirigí al aeropuerto de Narita para tomar vuelo a mi siguiente destino, México, con una breve escala en el aeropuerto de Los Angeles. Mi sorpresa fue mayúscula cuando la azafata encargada del check-in no me permitió embarcar por un fallo del servicio de inmigración de USA al poner el número de mi pasaporte. Perdí el vuelo, el dinero del vuelo y la oportunidad de continuar con mi viaje ‘vuelta al mundo’. Me quedaba dinero para comprar otro vuelo a México y aparecer allí sin presupuesto para comida y alojamiento o volver a España y esperar un tiempo para continuar. Tomé la decisión de volver. Ahora, dos años después, puedo entender el porqué de todo lo ocurrido a mi vuelta. Nada importante, bajas pasiones ajenas que no supe gestionar de forma adecuada en el momento pero que me hizo evolucionar y ser consciente de la futilidad de mi ego. No podemos controlar las malas acciones de los demás pero si podemos controlar nuestras reacciones a ellas.
Meses después de mi vuelta fui operado de urgencia en el hospital Universitario de Ceuta por un tumor que me había reventado el colon. La intervención de la cirujana fue todo un éxito y la atención del personal sanitario fue ejemplar. Fue un mes en el hospital que pasó volado por el Amor que me brindaron incondicionalmente mis familiares y amigos, mi hermana sobre todo que no se despegó de mi lado. Existe un fenómeno llamado autolesión no suicida donde ese dolor proporciona un alivio al ‘redirigir’ la atención de la angustia emocional al dolor físico. En mi caso fue al revés, el dolor emocional anulaba el dolor físico. Nada importaba, nada dolía físicamente. Aún hoy me pregunto si fue coincidencia que el tumor apareciera en ese momento de mi vida. La consulta con el oncólogo confirmó lo que la cirujana encontró. Cáncer de colon. Nada importaba.
En esos meses descubrí la importancia de la actitud en el comportamiento diario, no solo en la enfermedad, en todas las facetas de la vida. Rodearte de los tuyos en momentos así, sentir su cariño, es esencial. Puede marcar la diferencia entre vivir o morir, puede sonar exagerado pero para mi suerte o desgracia, según se mire, lo he comprobado. Tengo la tremenda suerte de haber coincidido en esta vida con personas llenas de vida, personas que luchan sin rendirse por ti, cuando ya no te quedan fuerzas para seguir en el camino. Todos se cerraron en torno a mí, protegiéndome de hasta mi mismo, como si fueran una vacuna hecha de puro Amor. Mi vida entonces pasó del gris más oscuro al blanco intenso a base de pequeños detalles: coger una semana de vacaciones para regalarme tiempo, madrugar para llevarme a ver amanecer al Hacho, ayudarme a andar cuando mis pulmones no me lo permitían, vigilar mi sueño, cocinar para mí, hacerme reír, la presencia incluso en la distancia…Esas pequeñas cosas que marcan la diferencia entre querer curarte o no. A todos ellos debo mi actitud positiva durante la enfermedad, querer levantarme, querer dar un paso más.
Hay muchos tipos de cáncer y cada año, por desgracia, mata a millones de personas. La presteza con la que se detecte es esencial pero la actitud durante el tratamiento a seguir es igual de importante, puede marcar la diferencia entre curarse o fallecer.
En mi caso, gran parte de la actitud positiva que adquirí durante los meses que duraron el tratamiento fue gracias a todos los que me regalaron ese valioso tesoro que aun guardo en la memoria y en mi corazón: Tiempo y Amor.
Creo que el cáncer desapareció en el momento que yo me supe curado, no me importaba mucho pero hubo un momento en que lo supe, tal vez al ganar peso, al ir recuperando fuelle al andar por el Chorrillo. Esos síntomas que ves en tu cuerpo que te hace creer que estás bien o no. Mi oncólogo tenía plena fe de que me iba a curar, no solo porque lo dijera, también veía confianza en su mirada.
En Julio de este año ‘vencí al bicho’ como se suele decir cuando derrotas al cáncer y en Septiembre retomé la promesa que me hice, cuatro años atrás, de dar la vuelta al mundo. Volé hacia donde iba ser mi siguiente destino: México.
Hoy sigo en ruta, kilometro a kilometro. Aprendiendo, conociendo, experimentando, Amando y Viviendo…gracias a esas maravillosas personas que se sentaron en lo profundo, a mi lado, cuando no me podía levantar, me ayudaron a ponerme en pie y no se rindieron en ningún momento.
Desde aquí quiero mandar todo mi apoyo a todas esas personas que luchan diariamente por dar un paso más en esta vida y a los que ayudan a que eso sea posible.






