La cierta calma migratoria existente en los últimos meses en el perímetro fronterizo se rompió ayer, a plena luz del día, después de que un grupo reducido de subsaharianos intentara el salto de la doble valla a la altura de Finca Berrocal. Del grupo, solo tres consiguieron acercarse hasta la doble valla y uno logró pisar suelo español tras quedarse inicialmente enganchado con sus ropas en la concertina y encaramarse al vallado más próximo al control de la Benemérita.
Allí se quedó, pegado al vallado de seis metros de altura, hasta que los agentes que estaban de servicio en el perímetro se hicieron con una escalera que usó el joven para bajar. Al otro lado de la valla, la mehanía había interceptado a los dos compañeros que, al igual que este joven, consiguieron llegar al límite que separa ambos países, o lo que es lo mismo, la clandestinidad de la oportunidad de dejar de serlo.
Una vez ya en tierra, los agentes comprobaron que el inmigrante se encontraba en buen estado, que no sufría corte alguno, así que procedieron a su traslado en una unidad de la Benemérita hasta la Policía Nacional para su entrega. El hecho de que este subsahariano hubiera efectuado el salto completamente forrado de ropajes evitó que sufriera cortes al sortear la hilera de alambres y espinos con la que se corona toda la línea perimetral.
El salto de ayer es el primero que, con éxito, se produce desde hace meses. Hay que remontarse a los meses de enero y marzo para encontrar casos aislados de entradas de subsaharianos que han conseguido burlar el casi perfecto sistema de cámaras de control que serpentea los ocho kilómetros y medio de perímetro así como los visores de los búhos de la Benemérita. La inviolabilidad no existe siquiera en esta zona por la que se han sucedido entradas aisladas, aunque alguna de ella, se sospecha, ha podido contar con apoyo externo.
En el caso de marras, el grupo que intentó el salto lo hizo a plena luz del día. En torno a las 14.00 horas, sin ocultarse ni de la Guardia Civil ni de la mehanía y cruzando una zona en la que, en esos momentos, había adultos y niños marroquíes que residen en ese lugar.
Fue cuando se produjo el mayor acercamiento al vallado y el intento de salto cuando las alarmas causaron el efecto de alertar a los agentes de uno y otro lado. Este inmigrante se mantuvo firme para evitar que Marruecos consiguiera hacerse con él, superando la primera valla y la segunda, sorteando como pudo la concertina y quedándose firme sobre la valla hasta que los guardias civiles le tendieron una escalera para que descendiera.
El episodio de ayer se produce solo 24 horas después de que las fuerzas marroquíes llevaran a cabo una amplia redada en los bosques más cercanos a la valla para proceder a la detención de varios subsaharianos. Los inmigrantes fueron trasladados en autobuses, dejando vacías las zonas más próximas a la frontera. Este grupo reducido se supone que formaría parte del reducido número de personas que no fueron interceptadas en esos controles.
48 horas antes, las mismas unidades del país vecino habían interceptado la salida de dos embarcaciones por la Bahía Sur que iban ocupadas por inmigrantes cuya intención era llegar hasta Ceuta.
La presión migratoria existe sobre la ‘puerta’ que supone para los subsaharianos esta frontera sur de Europa. No obstante la presión directa que hay sobre el vallado ha descendido notablemente desde el último intento de entrada masivo de salto que se produjo el 4 de marzo y que fue protagonizado por un millar de subsaharianos.
El único subsahariano que logró el pase
El de la imagen es el inmigrante que pudo sortear la primera de las vallas y que, tras quedar enganchado en las concertinas de la segunda, se encaramó a seis metros de altura de los agentes hasta que éstos le acercaron una escalera para que pudiera bajar. Una vez reconocido en el lugar y al comprobar que se encontraba en buen estado de salud, fue trasladado en una unidad de la Guardia Civil para su posterior entrega al CNP. Fotos: QUINO






