El tren que el pasado martes descarriló en un tramo cercano a la capital de Marruecos iba a 158 kilómetros por hora en un lugar donde la velocidad estaba limitada a 60, según la investigación que acaba de hacer pública en un comunicado la Procuraduría del Rey (Fiscalía).
El accidente, uno de los más graves de los últimos años en el sistema ferroviario marroquí, se saldó con la muerte de siete personas y heridas a otras 125 cuando varios vagones se salieron de las vías y chocaron contra un puente en la localidad de Buknadel, al norte de Rabat.
La Fiscalía ha imputado al conductor del tren con los cargos de homicidio y heridas involuntarias, delitos recogidos en los artículos 432 y 433 del Código Penal y que llevan aparejada una pena de entre tres meses y cinco años de cárcel.
El conductor se encuentra en detención desde el primer momento del accidente y ha sido puesto a disposición del Juzgado de Primera Instancia de Salé, donde será procesado en breve.
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