Ceuta se suma al dolor de toda España por esta nueva tragedia ferroviaria. Con la conciencia y el corazón todavía marcados por lo sucedido en Adamuz, se produce otro mazazo brutal: casi 70 muertes, decenas de heridos y muchas dudas tras el choque de dos trenes en Toledo.
En todo el país se organizaron actos para guardar silencio por las víctimas, por quienes se vieron atrapados entre esos amasijos de hierro, por quienes forman parte de la hilera de muertes, de vidas truncadas, de dolor para tantísimas familias.
España está de luto, todos sentimos lo sucedido. Ese dolor profundo que anida en los corazones de los afectados directamente por este terrible suceso termina siendo común para todos.
No cabe más que la unión para exigir que las investigaciones lleguen hasta el final, para que se sepa qué pudo suceder, para que se intervenga en consecuencia ante lo que supone un auténtico horror.
Hay que dejar espacio a quienes saben, a una Guardia Civil que cuenta entre sus filas con agentes profesionales que dirigirán las indagaciones por el mejor de los caminos. Ahora solo queda la solidaridad, la humanidad, la entereza y el cariño trasladado hacia quienes ya no están entre nosotros. En eso es en lo que debe existir la unión, no caben más lecturas.
“Si ha habido negligencias se sabrá”. Fue la frase del presidente del Gobierno dirigida desde el puesto de control habilitado para hacer seguimiento de este suceso tan trágico que ha impactado a todos.
Escuchar los testimonios de los supervivientes demuestra la dureza de lo que pasó. Son terribles las imágenes de lo ocurrido, impactantes las escenas.
No se puede más que apoyar, estar con los afectados, trasladar el sentimiento de afecto, cariño, así como la fuerza para salir adelante ante un suceso de los más graves que vuelve a sacudir al sector ferroviario.
Se han decretado tres días de luto oficial, se han anulado agendas, se ha aparcado todo porque ahora no es momento más que de centrarse en lo importante, en saber lo que pudo suceder, en dónde estuvo el fallo para que se diera pie a esta tragedia.
Las valoraciones que nacen de la más absoluta ignorancia o de lecturas rápidas no llevan a ningún buen camino. Hay que dejar que la Guardia Civil analice, estudie y comprenda primero todo lo ocurrido para, después, sacar las primeras conclusiones, las que puedan conducir a saber qué es lo que pudo suceder y en dónde se rompió la seguridad que ha dado pie a este auténtico desastre.
Urge la mayor de las transparencias, más aún cuando se han producido dos accidentes gravísimos de tren, con muertes, con muchas dudas. Hay que investigar, aclarar todo hasta el último extremo para, primero, hacer justicia con las familias y, segundo, recuperar la credibilidad en un medio de transporte que se ha colocado en el punto de mira.
Esta tragedia exige de una implicación máxima para conocer la verdad. Es el único camino que existe para después actuar en consecuencia. Es lo que toda España espera, también Ceuta. Sin medidas tintas, con la claridad necesaria ante un drama que ha conmocionado a todo el país.
Se ha dado un severo golpe a la confianza en la seguridad y eso es grave. Precisamente por ello se debe una transparencia absoluta sostenida en datos objetivos, en pruebas claras, no en hipótesis. Lo sucedido no solo es un horror, resulta gravísimo.






