Sociedad

Un trabajo colectivo en siglas

PCE, CEIAR, Ingesa. Detrás de estas letras se resumen dos decisiones que marcaron el rumbo de Ceuta frente al virus: aislamiento domiciliario y circuitos separados en el hospital

“Sintomatología respiratoria, fiebre, malestar general, tos. Dificultad para respirar en distintos grados, y los síntomas más inespecíficos: dolores musculares, diarreas y falta de sentido del gusto. Básicamente esas son las que más llaman la atención”. Así es la radiografía de un COVID-19 al que se ha ido conociendo a lo largo de estos meses. El director territorial del Ingesa, Jesús Lopera, enumera los principales síntomas de carrerilla con la lección bien aprendida.

Desde su despacho en la Dirección Territorial, se remonta a enero, “incluso desde un poco antes”, para explicar cómo los sanitarios se preparaban para la inevitable llegada del virus. La cronología juega a favor y a finales de 2019 se aprobó un Plan de Catástrofes Externas (PCE) que sirvió como referencia para la posterior toma de decisiones del Comité de Enfermedades Infecciosas de Alto Riesgo (CEIAR) que, en palabras del propio Lopera, mantuvo a Ceuta en una “fase de contención”.

”Todas las epidemias cambian la manera de proceder. Una de las cosas que se aprende es que el sistema sanitario público debe reforzarse”

Un equipo experimentado en situaciones al límite: desde la llegada del VIH (del que al principio tampoco se conocían los síntomas con exactitud) hasta la del SARS-CoV-2, este médico intensivista ha gestionado varias epidemias.

Del seno de este comité salen dos decisiones que, en opinión de los sanitarios, marcaron la diferencia: el aislamiento domiciliario de los casos leves de coronavirus y el establecimiento de dos circuitos independientes dentro del Hospital Universitario de Ceuta (HUCE) para atender a los pacientes con síntomas. “El papel de Medicina Preventiva fue muy importante”, subraya Lopera.

"La responsabilidad de tener sobre ti a toda una población, con las incertidumbres y miedos de todos, no te hace estar tranquilo ni dormir”

En el despacho del jefe de servicio de Medicina Preventiva aún se conserva en una pizarra el mapa dibujado de los bloques del brote que surgió a finales de mayo en la barriada de Erquicia. Hay chinchetas de colores sobre un planillo del HUCE. El jefe del servicio de Medicina Preventiva reconoce que su trabajo es poco agradecido: se valora más curar que prevenir. Porque uno se ve y otro no.

"Una pandemia siempre es un drama. Traduce toda una parte humana que no había vivido ni creo que haya vivido nadie”

Nadie tenía por qué saber que el HUCE se convirtió en un “puzle reversible” que se adaptaría a las necesidades de atención de pacientes de coronavirus. Ni que el aislamiento domiciliario aplicado en Ceuta después se extrapolaría a protocolo nacional. “Cuando decidimos hacer el aislamiento domiciliario y no el hospitalario, pensamos que se podría haber contaminado el hospital con pacientes deambulantes, que no estaban graves pero que se movían fácilmente. Eso podría haber sido un riesgo para tener una epidemia intrahospitalaria”, argumenta Domínguez.

"¿Podemos salir reforzados del brote pandémico? Económicamente no, pero como sociedad yo creo que sí”

“¿Ahora qué es lo que estamos haciendo? Prepararnos para después del verano”, adelanta Lopera. No se cuenta con que para este invierno haya vacuna, por lo que a las enfermedades comunes de la estación (gripe o rinovirus entre otros) se sumará el COVID-19. “Y eso nos va a traer problemas”, prevé el director del Ingesa.

“Cómo desescalar”, se pregunta en voz alta Domínguez, y continúa: “Pues bien, es posible reorganizar los servicios para que sean más eficientes mejorando las derivaciones desde atención primaria y reforzándola enormemente”. El “verdadero filtro”, añade, al ser quien gestiona la atención a la mayor parte de la población. “Y que el hospital quede solamente para cosas especializadas, que sean imprescindibles” en caso de que se requiera el traslado de un paciente desde la atención primaria. “En ese punto estamos trabajando”, apunta.

Las chinchetas rojas que guarda Domínguez indican pacientes de coronavirus ingresados en el hospital. Hasta hoy, están guardadas. Pero en cuatro ocasiones ese color se tradujo en una llamada a una familia: la persona había fallecido. “Ha sido muy duro tener que ver eso, pero también por otra parte estabas haciendo la labor de contención, de cuarententa, y no quedaba más que asumirlo”, zanja.

Personas que fueron “atendidas”, defiende Lopera, “siempre que han presentado sintomatología respiratoria”. Y alude a la confusión “ajena al Ingesa” que supuso llamar a los test rápidos, cuando son precoces. “No dan positivo si no se tiene suficiente cantidad de virus”, matiza.

“Pero a todos se les ha atendido en tiempo y forma”, concluye.

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