A Ceuta le faltaba la polémica del verano, que ha terminado por venir de la mano de los toros. Todo se ha enfocado mal desde el principio, así ha sido porque la cobardía ha vuelto a ser la reina del escenario. La noticia fue difundiéndose a través de los distintos medios de comunicación, encargados de dar publicidad a un hecho que lo merecía.
Sus promotores se lanzaron a vincular, de forma estratégica, la Legión con la tauromaquia, buscando así una polémica que no tardó en aparecer y en torcerse. Mientras esa tensión crecía, quienes debían estar llamados a posicionarse sin rubor no lo hicieron. No fue hasta días después cuando la Comandancia General se desmarcó de la iniciativa y protegió a su Tercio Duque de Alba de cualquier interés en que se maten toros en su nombre/honor... llámenlo como quieran. Lo hizo tras haber asistido desde el balcón del pusilánime espectador a lo que se estaba gestando. Cuando vio el debate torcido y los ánimos enfrentados, dio a conocer en cuatro líneas que en la plaza de África no se había animado dicha iniciativa.
Lo curioso es que el promotor de la misma insiste en que tuvo el apoyo de mandos del Tercio, entregándose a corear el cariño del estamento castrense. El Gobierno local emitió su comunicado oficial este mismo martes, fecha elegida también por Vox para arremeter con su mensaje enlatado de “marroquinización” y “españolidad en quiebra” que sirve tanto para cuando se habla de toros como cuando se debate un calendario laboral o se pone en riesgo la venta de pepinillos. No se preocupen que siempre habrá una grieta en la bandera que denunciar y siempre estarán los salvadores concentrados todos en una única formación para batirse en la plaza por la patria. Los demás no somos españoles. A la Ciudad le faltó, como casi siempre, el criterio de saber qué decir y cuándo.
A la conclusión publicitada podrían haber llegado el mismo día de la polémica, pero optaron por esperar quizá porque ni sabían por dónde debían salir. A Vox le faltó esperar a que Presidencia se posicionara para hacer política camuflándola de defensa de unas supuestas tradiciones que ni siquiera la sociedad avanzada se anima ya a proteger. Nos queda polémica, culebrón y debate, pero nos sobra oportunismo desde muchos bandos. Esta vez han sido los toros, mañana cualquier asunto motivara crispación y hasta una campaña de ataque tan brutal como la sufrida por Fatima Hamed.






