Ya nadie parece recordar las cuentas del PSOE de Zapatero o, sin irse muy lejos, cómo un vetusto político local reajustaba los Presupuestos locales aplicando una raya a la última cifra.
Nuestra flaca memoria nos hace sortear un principio básico de supervivencia política que nos previene de catástrofes económicas a la hora de hacer presupuestos: nadie como los populares. Los populares han cometido muchos errores, hay quien piensa que demasiados, incluso imperdonables, pero hay que reconocerles que cuando son ellos quienes elaboran los Presupuestos, a España le va mucho mejor.
Muy pocos relacionan los Presupuestos Generales del Estado (PGE) con el futuro y devenir de la nación, la ciudad o el barrio en el que vivimos. Parece que el paro, la seguridad ciudadana, la educación o las relaciones diplomáticas dependieran de voluntades actuales, momentáneas y no programadas. Perspectiva infantil propia de visionarios salva patrias, narcisos acérrimos, que nos han conducido, muchas veces a lo largo de la historia, al derrumbamiento económico y social. Esto no se arregla de un plumazo, sino con mucho trabajo y dedicación diaria.
Cada vez que aparece un Presupuesto elaborado por un Gobierno popular, siempre se le tilda de antisocial, austericidio, o cualquier otro neologismo que recuerde lo protervo que pueden ser, para algunos, unos Presupuestos elaborados por el PP. Ningún partido político que sostenga una televisión autonómica con un gasto que se aproxima a los doscientos millones de euros con cerca de 2.000 empleados, puede hablar de austericidio. Quién se atrevería a tildar de antisocial unos Presupuestos, cuando el mayor caso de corrupción en la historia de España, que ha sido el robo del dinero de los parados (caso ERE) es por cuenta y obra propia.
Pero que el PSOE lo haga peor, o que los comunistas-populistas sean aún peores, no legitiman los PGE de los populares. La justificación y aval de estos nuevos PGE vienen dados por la recuperación económica, las cifras del paro o la olvidada prima de riesgo. Los populares con sus últimos PGE apuntalan el débil equilibrio de una economía nacional que no se ha ahogado, pero que tampoco se encuentra a salvo. O visto desde otro punto de vista más cercano: es cierto que los nuevos empleos son precarios, pero al menos se crea empleo; es real que existen 5 millones de parados y muchos de ellos sin percibir ayuda alguna, pero al menos hay otros que si perciben aunque tan sólo sean unos miserables 390 euros mensuales por familia.
La cuestión no es si son los mejores Presupuestos o no. Lo triste del asunto es que no pueden existir otros y además no existe alternancia ideológica ni política a la hora de elaborar otros, si no me cree ya verá como no existe ninguna enmienda a la totalidad, y si la hay, no es real.
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