Las imágenes de nazis haciendo cosas de nazis o de gente entorpeciendo o encarándose a los y las compañeras periodistas mientras trabajan o las imágenes de personas berreando barbaridades a los cuatro vientos no es la representación del pueblo ceutí.
Ceuta es mucho más y tiene el derecho a salir a la calle para reclamar una pronta llegada de esa convivencia ciudadana que se perdió a partir de los hechos acontecidos el pasado 29 y 30 de julio. Igualmente, el resto de España tiene que apoyar para no olvidar que esta ciudad autónoma -como también Melilla- forma parte de la geografía española.
El miércoles, 2 de septiembre, todo un país remó en la misma dirección. La perla del Mediterráneo brilló, pese a que algunos intentaron ensuciarla al son de cánticos fascistas o levantando el brazo para realizar el saludo nazi en las manifestaciones que tuvieron lugar en apoyo a esta causa.
También se atrevieron a boicotear el derecho a la información, obligando a los periodistas a interrumpir sus retransmisiones en directo para preservar su seguridad. Por momentos, ese resplandor que encumbra este derecho democrático se vio empañado por sombras que recuerdan, demasiado, a tiempos pasados.
La solución no pasa por la nostalgia, la cual ahora se viste de gala y se siente triunfante. Dirán que son hechos aislados, que no hay que preocuparse porque no llegó a más; pero esta olla a presión viene alertando desde hace tiempo de que en el momento en que estalle todo esto ya no habrá vuelta atrás.
¿No hay quien ponga remedio a este tsunami reaccionario? ¿Nos hemos olvidado de todo lo construido hasta ahora? ¿Merece la pena dejar que este grupúsculo siga enturbiando aún más la situación? La violencia no es la solución, este clima de crispación no debe seguir campando a sus anchas.
La democracia en este país no pasa por un buen momento, su salud empeora y hay quienes apuestan por hacerla enfermar por completo y sin remedio ni cura. Ceuta, como el resto de España, no merece esto. Los y las caballas forman un pueblo multicultural: cristiano, musulmán, hebreo e hindú. Todos han convivido juntos, prevaleciendo el respeto de los unos hacia los otros y sin crear hostilidades adversas.
Esta ciudad autónoma puede sentirse orgullosa de ese respeto y hermanamiento que han mantenido siempre. Deben estar unidos para que esa pronta solución llegue cuanto antes pese a que la gestión que se hace de esta no sea la adecuada.
Pese a ello, no permitan que el pollo de la nostalgia se pose sobre esta brillante perla para que deje de relucir por sí misma: el fascismo no es la solución ahora ni nunca.
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