La Compañía del Regimiento Guadalajara 20, rinde honores al Batallón Guadalajara 20 a su regreso de la Campaña del Sáhara en Villa Bens.
Si hay alguna unidad expedicionaria del África Occidental Española que reúna méritos y que, por desgracia, sólo tiene silencio, esta es el Batallón Guadalajara 20, pues no solo se los ganó en la Campaña de Ifni-Sáhara. Fue en la madrugada del 13 de octubre de 1957 cuando el ruido de una tromba de agua arrancaba las puertas del cuartel, lo que hizo que inmediatamente sonase el toque de generala y todos los soldados saliesen con sus jefes a auxiliar a las víctimas de la catástrofe, llegando, en muchos casos, a arriesgar sus propias vidas.
Dicen que las pequeñas leyendas hacen grandes historias, y con aquellos cien días de guerra en Ifni-Sáhara, aparte de la letra fría de los documentos, están los testimonios de los que allí dejaron sangre, sudor y también muchas lágrimas de dar, en algunos casos, el último adiós a compañeros. Todo esto, como el protagonista de este artículo, gracias a diarios como El Día, pueden ver la luz hechos que si no fuese por este diario tinerfeño, quedarían en el más oscuro de los anonimatos.
Enrique Brines Lorente había nacido en Valencia el 14 de agosto de 1928, y tras finalizar el Bachillerato ingresa en la universidad con el fin de seguir la tradición familiar. Su padre era abogado en ejercicio, motivando a que el entonces joven Enrique Brines cursara sus estudios con brillantez en la Facultad de Derecho de la universidad valenciana, estudios que años después finalizaba con éxito.
Como muchos de aquella juventud universitaria, Enrique Brines solicitaba cumplir sus deberes con la patria en la entonces Instrucción Preliminar Superior, llamada Milicia Universitaria. El primer período lo realizaba en aquel inolvidable Campamento de Montejaque, en Ronda (Málaga), de cuyo campamento meses después salía con la estrella de alférez de Complemento de Infantería. Su primer destino fue en su tierra natal, en el tan recordado Regimiento de Infantería Guadalajara 20, en aquel Acuartelamiento del Paseo de La Alameda de la capital valenciana.
Este valenciano sentía en su sangre la Milicia por vocación y tras las prácticas reglamentarias solicitaba continuar en el Ejército. A pesar de que tenía su título de licenciado en Derecho y que su bufete podía darle más ingresos que el sueldo de oficial, decidió durante varios años vestir el uniforme y las dos estrellas de teniente de Infantería.
Al entonces teniente Enrique Brines le tocó vivir y entregarse en cuerpo y alma a limpiar de barro, escombros y auxiliar a las víctimas con todas las unidades del Ejército, en una tarea de titanes. Tan solo hacer falta constar que el Acuartelamiento del Regimiento Guadalajara 20 extrajo más de 1.000 camiones de barro, pero se hizo esta limpieza al final. Durante octubre, noviembre y diciembre se entregaron a auxiliar a la población civil.
Meses después, el Ayuntamiento de Valencia creó, para recompensar a todo el personal, la Medalla de la Gratitud de Valencia, en la que aparece una mano salvando a otra y una leyenda grabada que dice: “que Dios te lo pague”, que se concedió a todo el personal civil y militar que destacó en la ayuda.
La forma de ser de los valencianos es de ser muy suyos, pero, por encima de todo, se sienten y así lo manifiestan, muy españoles, y ahí está el ejemplo de aquel gran músico José Serrano Simeón, autor de 54 obras, entre ellas la tan célebre “Canción del soldado”. Este valenciano se sentía tan español como así lo escribió en el diario La Voz Valenciana en mayo de 1925, donde decía: “España mis himnos y yo. Uno de mis grandes amores en esta tierra valenciana donde he nacido, pero que siempre que he compuesto un himno, he pedido a mis colaboradores que en el verso apareciese la palabra España. Esto no es obstáculo para que mis ocho hijos hablen perfectamente el valenciano. Yo entiendo así el regionalismo”.
En los primeros días de enero de 1958 se formaba el Batallón Expedicionario Guadalajara 20, donde iba el teniente de Complemento Enrique Brines Lorente, en la 2ª Compañía, al mando de la 1ª Sección. Este teniente valenciano tuvo un gesto que le honra como español y soldado, y según su hermano Rafael, periodista de gran prestigio y autor de varios trabajos en los diarios valencianos sobre la Guerra de Ifni, así sucedió: “cuando el batallón se encontraba formado en el muelle de Valencia para embarcar rumbo a Ifni en el buque de la Trasmediterránea Domine, tan recordado en nuestras Islas Canarias, un mando le indicó al capitán general de la III Región Militar, Joaquín Ríos Capapé, que el teniente Brines tenía a su esposa embarazada a punto de dar a luz y otro hijo pequeño, Inmediatamente el capitán general llamó al teniente Brines y, dadas las circunstancias familiares, le dijo que si quería se podía quedar en su Regimiento para atender las necesidades familiares. El teniente Brines muy correctamente le indicó al capitán general que él partía con su batallón a Cabo Juby, con sus compañeros y soldados”.
Tras desembarcar en Cabo Juby se integraron con otras fuerzas, entre las que estaban dos Compañías Expedicionarias del Regimiento Canarias 50 del Tenerife 49, una sección de Ametralladoras del III Tabor de Tiradores de Ifni, y lo que quedaba del II Grupo de Policía Indígena, la II Bandera de La Legión, el Batallón Expedicionario San Fernando II de Alicante, un Grupo Expedicionario de Caballería Pavía 4 y una batería de Artillería del Regimiento a Caballo nº 19; formarían la Agrupación Táctica B, con un total de unos 3.000 hombres.
Hasta el 20 de febrero de 1958 en que fue relevado por el teniente Manuel Valero Catalán, el teniente Enrique Brines participó con su batallón en la denominada Operación Teide, teniendo una ejemplar actuación en Asatel y Tafudart, así como en la toma de Tuifidert, donde capturaron al enemigo un importante botín. Hacer constar que sólo en víveres había para más de 1.000 hombres durante más de 60 días, donde había pilones de azúcar, aceite, dátiles, etc. Desde aquí tomarían Smara y Hagunía, sin tener ninguna baja.
El teniente Brines, tiempo después, dejó el Ejército y se dedicó a la abogacía. También ejerció como funcionario en la asesoría jurídica del Ayuntamiento de Valencia, siempre con el mismo espíritu y entusiasmo que en su vida militar. Lucía con orgullo el título de Caballero de la Real Orden de Santa María del Puig y sobre su pecho y en su corazón la Medalla de la Campaña de Ifni-Sáhara, y además con el Valor Acreditado.
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