Porteadores agolpados, como cada día, en el entorno del Tarajal. Son víctimas de atracos y lesiones.
El hombre detenido en la noche del pasado jueves por un robo con intimidación a una mujer fue condenado ayer tras su puesta a disposición judicial. Aceptó, tras el reconocimiento de los hechos, dos años de prisión por el delito de robo con intimidación y una multa por las lesiones causadas a la víctima. La condena quedó en suspenso por lo que no tuvo que entrar en prisión.
Este es el resultado judicial de uno de tantos atracos que, a diario, se están registrando en lo que se ha convertido en la zona del infierno. En este caso sí que hubo detención y la tuvo que ejecutar la Guardia Civil después de que varios ciudadanos acorralaran al delincuente. Otros muchos se producen sin que haya intervención porque a pesar de lo publicado, de lo denunciado y de lo evidenciado, sigue sin ordenarse por parte de la Delegación del Gobierno un dispositivo policial acorde con la situación extrema vivida.
La Guardia Civil, con una merma de efectivos brutal, no da a basto para contener los amagos de avalancha constantes que se producen a diario, haciendo frente además a los apedreamientos que se llevan a cabo ya por sistema, que están todos coordinados.
Mientras se da esta situación, incapaz de ser absorbida por los agentes destinados en la frontera (ya ha habido cuatro bajas por lesiones en una semana), se están registrando atracos en todo el entorno fronterizo, perpetrados por bandas que actúan de noche pero también a plena luz del día. Atracan a porteadores y también a los que están en la cola. La AEGC reclamaba esta semana que se creara una segunda línea de seguridad, contando con CNP fija en la zona debido a los robos que se están sucediendo. La Delegación del Gobierno ni ha contestado a las preguntas giradas para dar una explicación sobre lo que pasa ni se ha notificado que se vayan a adoptar medidas para frenar la oleada de robos acontecidos.
En la tarde del jueves este medio tuvo constancia de la existencia de robos con uso de cuchillos por las inmediaciones del colegio Príncipe Felipe y de la ausencia de fuerzas de seguridad. Mientras, a pie de Tarajal, los guardias civiles eran apedreados hasta en tres ocasiones y no podían contener la presión de porteadores intentando cruzar a Marruecos.
Esta es la situación vivida, denunciada y que no tiene su reflejo estadístico acorde con la realidad porque las víctimas evitan denunciar.
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