A partir del 1 de enero de 2019 ya no se podrán adquirir entradas en el punto de venta físico que existe en el Teatro del Revellín. Las personas que quieran adquirir alguno de los pases enmarcados en la oferta cultural de la ciudad no tendrán más remedio que hacerlo por internet, porque ese día y los venideros se encontrarán con la taquilla cerrada.
Una decisión nefasta para el público, sobre todo teniendo en cuenta que algo más del 50% adquieren las entradas en la taquilla y forman parte de un grueso poblacional más adulto no habituado a reservar los pases a través de la red de redes.
De hecho la semana próxima saldrán a la venta las que pueden considerarse últimas entradas siguiendo el método tradicional, aplicándose una particular ‘dictadura’ que obligará a que todos sigan un único canal de adquisición.
El problema radica en que Cultura ni siquiera ha avisado de esto, ni ha habido una política de formación previa para que ese público mayor pueda saber cómo puede comprar las entradas de otra manera que no sea la presencial. Coincide, de manera incongruente, esta decisión con el anuncio de fomento y mayor difusión de la agenda cultural.
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