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Tánger, reflejo de las vicisitudes españolas al inicio del siglo XX

Por Redacción
05/10/2011 - 23:06
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Las Jornadas de Historia trataron ayer sobre los estatus administrativos de la ciudad

La ‘dolce vita’ tangerina duró lo que permaneció ajena al control exclusivo de España, en una época en la que la guerra y la introspección autárquica había dejado maltrecha la economía y la moral españolas. Susana Sueiro estuvo a cargo de la primera de las dos conferencias de ayer enmarcadas en las XIV Jornadas de Historia de Ceuta – ‘La cuestión de Tánger: del estatuto a la ocupación española (1923-1945)’–. Era 1923. La actual Marruecos, entonces sultanato, estaba siendo repartida entre las potencias europeas. La decadente España (al desastre del 98 se le sumaban los fracasos en tierras africanas) tenía ante sí la duda de proseguir la sangría o desaparecer en foro de poder del orden internacional.

La cesión de la administración de Tánger a Francia en el Estatuto  de 1923 abrió una herida en el imaginario colectivo español que sólo el general Franco fue capaz de  resarcir en 1940, aunque fueran hasta que la Segunda Guerra concluyó. Ni el Gobierno del general Primo de Rivera –al que los cables diplomáticos ingleses tachaba de populista y chantajista en la negociación por Tánger– ni los posteriores gabinetes republicanos fueron capaces de revertir un estatus, el de ciudad internacional, que quedó revisada en 1926 y 1928, quedando evidenciada España desde entonces como una potencia menor en el tablero.

Sólo la Segunda Guerra Mundial y las debilidades económicas y marciales sobrevenidas en Inglaterra y Francia, las dos potencias preponderantes junto a Alemania, propiciaron que las tropas españolas acudieran a la invadir pacíficamente la ciudad portuaria. “Se ha impuesto la lengua española, el estraperlo y los bañadores victorianos, lo que condena a la economía de la ciudad”, informaban estupefactos los telegramas ingleses. De ese modo, la ‘ville de plaisir’ tangerina oscureció al color gris de la posguerra española. Hasta 1945.

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