La gestión del área de la dependencia en nuestra ciudad merece un 3,2.
Al menos ésa es la calificación que le otorgó el Observatorio Estatal de la Dependencia en su último informe, que termina con los datos actualizados a 31 de diciembre de 2015. Un suspenso tan contundente necesariamente obligaría a tomar medidas contundentes si sólo se tuviera en cuenta esa calificación, pero si se ‘examina’ cómo ha llegado el ‘examinador’ a esa nota (3,2), la lógica y el sentido común aconsejan prudencia. En primer lugar esa calificación no es mérito o demérito exclusivo de Ceuta. Como ocurre en muchos estudios referidos a las más diversas materias, hay autores, entidades y organismos que tienen por costumbre incluir a nuestra ciudad y a Melilla en una única casilla. Facilitan así un dato conjunto para ambas, como si la gestión, en este caso de la dependencia, correspondiera a la misma administración o como si las realidades sociales en ambas ciudades fueran exactamente iguales. Valorar conjuntamente Ceuta y Melilla ya da a entender la validez de los resultados de ese estudio, sobre todo si quien lo realiza no conoce ni, al parecer, tiene interés en conocer personalmente el día a día de ambas ciudades. Así, en base únicamente a datos estadísticos y mezclándolos con el único criterio de hallar una media matemática, podría darse la circunstancia, por ejemplo, que la calificación de nuestra ciudad fuera un 5 y la de Melilla, un 1,4. El resultado para Ceuta sería el 3,2 que le otorga el Observatorio de la Dependencia. Otro de los criterios que justificarían el suspenso consiste en que mientras que en el conjunto del país se deniega el 21,5% del reconocimiento de grado de las solicitudes, en Ceuta esta cifra llega al 31,5%. Esta argumentación es un sinsentido en sí misma ya que castiga la rigurosidad en la aplicación de los baremos de evaluación. El Observatorio de la Dependencia no denuncia errores en la evaluación ni que los solicitantes rechazados en primera instancia sean finalmente aprobados tras recurrir la decisión inicial. Sólo compara una cifra con otra y ‘castiga’ sin entrar en mayores consideraciones. A eso hay que sumar que el Observatorio, a la hora de repartir suspensos, no valora si se ha aumentado la cartera de servicios ni el tiempo en que se tramitan la solicitudes ni se tiene en cuenta la capacitación y formación de los profesionales encargados de la gestión de los expedientes. Si analizamos todos estos datos, el procedimiento de evaluación que sigue el Observatorio Estatal de la Dependencia, el hecho de calificar con una misma nota a Ceuta y Melilla... la conclusión es que hay que poner en cuarentena ese 3,2 y empezar por ‘examinar’ la labor el ‘examinador’ para determinar la relevancia que realmente tiene el suspenso a la Dirección Territorial del Imserso en nuestra ciudad.





