El peruano Jaime Aníbal B.A., detenido a sus 53 años en el puerto ceutí con más de 300 kilos de hachís ocultos en la rueda del autobús turístico que conducía (hacía la ruta Ceuta-Marruecos), tendrá que seguir su lucha para probar una inocencia en la que cree con tanta fe como su letrado, Abselam Abderrahamán.
Porque, otra vez, la vista oral, programada para que se celebrara en la mañana de ayer en la Sala de lo Penal número Dos de nuestra ciudad, tuvo que ser suspendida debido a la ausencia del otro acusado, el llamado Eduardo P.G., dueño de la empresa de transporte para la que trabajaba el peruano en el momento de los hechos: el 27 de junio de 2011.
Como reflejó este periódico en su edición del 5 de febrero del pasado año, el caso presenta numerosas incógnitas e indicios que pudieran dar fundamento y corroborar la tesis de inocencia que mantiene el peruano, todos aspectos que hacen pensar que fue víctima de una trampa tendida por el otro acusado, el responsable del autobús.
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