Hay rincones con encanto en Ceuta que parecen congelados en el tiempo mientras todo, allá fuera, continúa con el ritmo acelerado que, con cada vez mayor asiduidad, parece imponerse en la sociedad.
El pequeño SuperTodo de José Ríos, más conocido entre los suyos como ‘Pepito’, y su mujer, Rosa Castrillo, es uno de esos rincones.
Está ubicado en el Polígono Virgen de África, un negocio que cumple este mes 25 años, pero cuya historia se remonta a años anteriores, partiendo de 1979.
Rozando los años 80, Pepito Ríos decidió lanzarse al mundo empresarial con su tienda de Comestibles nacida en Los Rosales, barriada en la que nació y donde reside desde hace ya 63 años.
Más adelante, en 1995, este negocio pasó a convertirse en un SuperTodo, una marca que mantiene desde entonces.
Para narrar el relato de este rincón con encanto, no podemos obviar la historia de amor de Pepito y Rosa, un matrimonio feliz que se ha casado dos veces, y no descartan una tercera, pues son ya 45 años de un amor que parece estar bien anclado en el sólido suelo del respeto, el cariño y el amor.
Se conocieron cuando Pepito apenas tenía 17 años y Rosa 15. Más tarde, se casaron y tuvieron dos hijos, que ahora tienen 30 y 38 años, y dos nietos.
Cuando la vida los cruzó, José Ríos solamente llevaba al frente de su tienda de comestibles dos años. El nombre de SuperTodo nació ya de esta unión. Ambos han formado lo que a día de hoy es un espacio que esconde historia viva de la ciudad.
No querría adentrarme en el comienzo de este relato especial sin mencionar que el padre de Pepito, Bernardo Ríos, y su madre, Carmen Ruiz, fueron las figuras que custodiaron el ‘Bar Bernardo’, otro establecimiento que fue historia de la ciudad frente a la antigua comisaría de Los Rosales.
Cabe mencionar lo dicho porque fue su progenitor quien ayudó a este empresario a iniciarse en el mundo empresarial. Tal vez, sin la ayuda de sus padres no podríamos narrar esta historia.
Ahora sí, corrían el año 2000 cuando Pepito y su mujer Rosa decidieron mudar su negocio desde Los Rosales hasta el Polígono Virgen de África.
Parece algo perdido en el pasado, casi imposible de recordar o rozar con la punta de los dedos, pero lo cierto es que este pequeño escondrijo ha vivido la peseta y la música que suena en el establecimiento sigue saliendo de un CD, esos pequeños objetos redondos que se introducían en un reproductor.
También conservan un artefacto difícil de encontrar, el “agarratodo”, una pinza para alcanzar objetos que solamente los veteranos de la vida conocen.
En este establecimiento tampoco olvidan su historia, por lo que las fotografías antiguas no están ausentes.
Pepito y Rosa guardan imágenes de su anterior negocio en Los Rosales, recuerdos que abrazan con especial cariño, al igual que a su Cristo, una reliquia hallada hace décadas y que podría rozar el siglo de historia.
Visitar este negocio sabe a antaño, a cercanía, a familia. Porque es justo esto lo que siempre diferenciará a una tienda de barrio de una gran superficie, el trato con el cliente, las historias humanas, la tranquilidad de sentirse arropado, escuchado.
Según narran tanto Pepito como Rosa, en este rinconcito no solamente se compra, si el cliente necesita consejos sobre productos o “cómo quitar una mancha”, los mismos propietarios ayudan a resolver estas dudas.
Pepito estaba más espeso para recordar anécdotas, pero su mujer no ha dudado ni un solo segundo en relatar cuánto cariño guardan hacia sus clientes, quienes no asisten simplemente a hacerse con productos, y bien lo sabe Rosa, a quien tuvimos que llamar varias veces porque estaba “de charla” con una de sus clientas en la puerta.
Este cuadro no se encuentra en un comercio mayor. Rosa sabe de sus clientes y estos de ella, muchos consumidores podrán contar a lo largo de su día que visitaron el SuperTodo e intercambiaron conversaciones con sus propietarios, quienes son ya parte de las vidas de todos.
Cuando este SuperTodo llegó al Polígono Virgen de África no existía ni el Mercadona del Sardinero ni el Carrefour que se encuentra más arriba. Este pequeño negocio ha tenido que luchar contra estos gigantes.
El éxito recae en que, a pesar de luchar con un monstruo invencible, se mantiene en el tiempo. Según cuenta Rosa, el bolsillo ha notado la llegada de las grandes superficies, pero ellos han podido mantenerse gracias a los clientes fieles, en donde recae la magia de estos lugares congelados en la eternidad.
Un negocio que sobrevive en la línea temporal ha visto pasar a cientos de clientes: unos pasajeros, otros tantos que se fueron y muchos que son parte de la historia del lugar.
Es en este punto en el que tanto Rosa como Pepito lamentan la tristeza que supone conocer el último adiós de clientes de toda la vida. “Hace poco murió el vecino de arriba y cuando nos enteramos nos dolió mucho”, cuentan sobre las condolencias que sintieron tras conocer la noticia de su fallecimiento.
Este es el sentir único de la tienda de barrio. Todos los presentes en la tienda coincidían en que, si un cliente de una gran superficie dice adiós, pocos lo notarían, sin embargo, quienes están al frente de estos pequeños rincones lamentan su perdida de igual manera que cualquier otro vecino, aunque su zona de residencia sea otro.
Este SuperTodo es historia y, posible y lamentablemente, desaparezca con la llegada de la jubilación de Pepito y su esposa. En los planes de sus hijos no está continuar el legado de sus padres.
Pepito no descarta traspasarlo, pero eso es una cuestión que solo el tiempo decidirá. Por ahora, este SuperTodo sigue vivo, a pesar de la adversidad, del cambio de la peseta al euro y tras luchas interminables con las grandes superficies.
Tristemente, rincones llenos de magia como la tienda de Pepito y Rosa están desvaneciéndose cada vez con mayor rapidez en el tiempo, pero su recuerdo siempre será eterno.
Todos recordarán el día de mañana el SuperTodo del Polígono, cuando José Ríos y Rosa Castrillo disfruten de su jubilación y esta tienda cargada de vida se convierta en un local cerrado, con un relato ya contado y con miles de historias encerradas que solo podían ser contadas en confianza ante los dos propietarios que durante años se han ganado el cariño y el afecto de todos.
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