El pasado 23 de diciembre, domingo, Francisco Olivencia mandaba la que, sin saberlo, iba a ser su última colaboración con El Faro. Siempre era puntual. Todos los sábados, en torno a las once de la mañana, llegaba su correo electrónico con un nuevo escrito. Todos obedecían a una línea ideológica que don Francisco defendía a capa y espada. No casa con la mía. Bien que él lo sabía y lo había dejado por escrito en varias ocasiones con respeto. Nunca se cansaba ni nunca dejó de argumentar sus pensamientos.
Como decía ese 23 de diciembre, sin saberlo, había mandado su última colaboración. Siempre fue constante, a pesar de que en varias ocasiones las tecnologías le jugaban una mala pasada y se armaba mil y un líos para hacernos llegar sus escritos o imágenes cuidadosamente elegidas. Agradecido cuando le ayudábamos a salir del entuerto, su gozo era ver publicada su colaboración en su periódico, El Faro, y en nuestra web para que la vieran sus familiares residentes en la península, especialmente su hermano.
Se podía estar de acuerdo o no con don Francisco en cuanto a sus ideas políticas, pero nadie puede negar la sabiduría con la que abordaba asuntos relacionados con Ceuta, con su historia, con sus especificidades, con sus titánicas luchas. Ahí era una eminencia que se ha perdido. Ahora sí, don Francisco se marcha a sabiendas de que ha sido reconocido en vida, de que se la ha considerado desde distintos ámbitos y por entidades de todo tipo. Eso lo supo él, lo apreció en vida y es lo que le queda a su familia.
El Faro pierde a uno de sus fieles colaboradores. A una referencia buscada cada domingo, sin duda. La hemeroteca recoge ahora todo lo que escribió, todo lo que creó hasta el último día. Con 84 años. Escribiendo con dificultades pero siempre fiel a sus seguidores. Hasta el final,






