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Su momento

Por J.D. Benedicto
18/09/2020 - 04:00
calle-marruecos
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Caminaba sólo por este valle de lágrimas por eso no fue de extrañar que cuando vi a esa muchacha quedara prendado por ella. Necesitaba verla otra vez. Aunque mis movimientos fueron claramente de intentar ponerme a su altura era como si fuéramos unos imanes con el mismo signo. Estaba en el zoco de Tetuán. Sabes que allí hay mucha masificación de personas. Pero eso no fue inconveniente. Iba con mi amigo Said y a él sí le dije lo que estaba buscando. Él con un signo de inteligencia me miró a los ojos y me sonrío. Empezó la yincana hasta que pudimos estar junto a ella. Él como jugador de casa habló unas palabras con Fátima y entre sonrisas me dijo: Hola. Yo quedé petrificado. Pocas palabras podía decir. No me salió ninguna pero mi colega consiguió que nos acompañara.

Fuimos a un café cercano y allí pude poco a poco entablar una conversación que fue un cohete hacia mi futuro. Ese que yo estaba siempre dando mis sentimientos encontrados a que nunca podría encontrar eso que dicen que será mi media naranja. Hablamos muchas cosas. Ella chapurreaba el español. ¡Gracias a Dios!. Ya que yo no tenía ni idea de su idioma natal. Yo fui sincero estaba allí de visita por qué mi buen amigo Said, que por cierto tuvo la delicadeza de quitarse de enmedio con mucha destreza, me había traído por aquí con su coche. Pero le solté una pequeña piedrecita para ver como reaccionaria al decirle: “Si podía volver para poder seguir hablando con ella”. Con una sencillez de buena educación asintió con su cabeza y a la vez me guiñó un ojo. Yo no cabía dentro de mis vestimentas. Confieso que sabía de las intenciones de todas las mujeres de esta parte del país vecino pero en esos momentos sólo pensaba en lo feliz que tenía mi corazón. Ese que nunca había recibido tanta descarga positiva como en esos instantes.

Quedamos para la semana siguiente y allí estaba yo como un clavo con un presente consistente en un pañuelo de color verde oliva que la verdad se lo había cogido a mi hermana. Lo metí en una cajita y lo adorne con papel de regalo. Ella se puso muy contenta y se quitó el que llevaba y se lo puso. Fue un gran detalle y más cuando me dio tres besos en mis mejillas. Yo la verdad que me derretí. Y después de muchos encuentros ella me dijo que debía de hablar con mis padres. Traje para ese instante a mi amigo Said el fue el maestro de ceremonias. Era evidente. Querían casar a la niña lo antes posible. Ella era mayor de edad como yo. Pero había un inconveniente yo no tenía trabajo y estaba estudiando. Luego no se podía hacer el enlace. Aquí picamos con un hueso muy grande. Todo puso rumbo hacia quedarme otra vez sólo en la vida después de casi un año donde yo estaba más feliz que ningún hombre de la Tierra.

Reconozco que me costó mucho reponerme. Pero que más problema podía tener. Después de esto estuve unos tres años estudiando mi carrera. Sólo pensaba en terminarla. Era esa la primera dificultad que tenía para no poder estar con Fátima. Aún que también sabía que el tiempo podría adormecer ese idilio tan bonito que había tenido con ella. Por mis adentros me decía que fuera a buscarla otra vez. Y así hice. Busqué a Said y él me condujo nuevamente ante ella. Y ese resquicio de luz que buscaba en mis oraciones funcionó. Estaba todavía sola y además esperándome. Yo saltaba de felicidad y les dije a sus padres que me comprometía con ella para cuando pudiera tener un trabajo. Y lo conseguí repartiendo paquetes por nuestras benditas calles.

Busqué una casita y desde entonces aquí estoy. Ya soy abuelo y todo. Luego tengo una vida forjada por el arrojo y la suerte de buscar mi destino. Que vino todo en su debido momento e instante.

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