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Somos como guijarros...

Por Manuel Castillo Sempere
15/01/2017 - 07:05
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  • Existencia El autor pretende alcanzar el sentido trascendente de la vida con este artículo, acompañado de los versos de ‘Coplas a la muerte de su padre’ de Jorge Manrique. Como guijarros, vamos rodando desde que nacemos hasta el ancho mar, canta el poeta castellano

Recuerde el alma dormida,/ avive el seso e despierte/contemplando/cómo se passa la vida,/ cómo se viene la muerte/ tan callando;/ cuán presto se va el plazer,/ cómo, después de acordado,/ da dolor;/ cómo, a nuestro parescer,/ cualquiere tiempo pasado/ fue mejor. III Nuestras vidas son los ríos/ que van a dar en la mar,/ qu'es el morir;/ allí van los señoríos/ derechos a se acabar e consumir;/ allí los ríos caudales,/ allí los otros medianos/ e más chicos,/allegados, son iguales/ los que viven por sus manos/ e los ricos./V Este mundo es el camino/ para el otro, qu'es morada/ sin pesar; /mas cumple tener buen tino/para andar esta jornada/  sin errar./ Partimos cuando nascemos,/ andamos mientra vivimos,/ e llegamos/ altiempo que feneçemos;/ assí que cuando morimos,/ descansamos./ XIII Los plazeres e dulçores/ desta vida trabajada/ que tenemos,/ non son sino corredores,/ e la muerte, la çelada/ en que caemos…/ XIV Esos reyes poderosos/ que vemos por escripturas/ ya pasadas/ con casos tristes, llorosos,/ fueron sus buenas venturas/ trastornadas;/ assí, que no hay cosa fuerte,/ que a papas y emperadores/ e perlados,/ assí los trata la muerte/ como a los pobres pastores/de ganados./  XL Assí, con talentender,/  todos sentidos humanos/conservados,/ cercado de su mujer/y de sus hijos e hermanos/ e criados,/ dio el alma a quien gela dio/ (el cual la ponga en el cielo/en su gloria),/ que aunque la vida perdió,/ dexónos harto consuelo/su memoria.

Jorge Manrique. (siglo XV)
“Coplas a la muerte de su padre”.

Ha nacido un nuevo año…Una muesca más en esto que hemos llamado vida…Y, asomado en la balaustrada de estas primeras horas, nos preguntamos qué acaecimientos  sucederán en este recién estrenado año.
La vida  transcurre inexorable al rumbo que le marcan los astros desde que la primera semilla  floreció entre las rocas quemadas por el sol. Y, nosotros, seres nacidos en el cosmos, somos hijos de la vida en su concepto más primigenio y profundo.
El 2017 ha abierto sus ventanas tímidamente desde que en el alba recibiera los primeros rayos de luz. Ha desplegado sus alas como las mariposas en la transformación de la crisálida y vuela libre a libar el néctar de las corolas…
Sí; vuela ya libre hacia la realización de los actos que habitaban dormidos en los días ausentes del futuro. Nada se detiene, nada se para, todo fluye constante e imperturbable, como bajan las aguas en el deshielo de las sierras en primavera.
Y, nosotros, sumergidos  en esas torrenteras que bajan impetuosas hacia los valles, vamos -cual cantos rodados- hacia la infinitud del mar,  que es el morir que cantara Jorge Manrique en “Las coplas a la muerte de su padre”.
La vida, la tuya y la mía, semejan a los  guijarros que nacen agrestes y aristados para que el tiempo y el cauce los hagan rodar,  hasta que las aristas se suavizan al roce de otros guijarros y otras piedras.  De tal modo, nuestras aristas convertidas en sentimientos, se van golpeando y arañando hasta que nuestras almas quedan varadas en la arena de  alguna playa,  mostrando, en las sutilezas de sus formas, el lento paso del tiempo…
Ha Nacido un nuevo año…Y en el tiempo que ya ha transcurrido, que transcurre, que trascurrirá, ¿qué somos nosotros?... ¿Acaso sólo somos un soplo de vida en una breve existencia si la comparamos con la eternidad del cosmos? ¿Acaso sólo somos un instante en la memoria infinita de Dios?  ¿Acaso nuestros actos terminan cuando nuestras vidas desembocan en el mar inabarcable de la muerte, o es un paso para una nueva resurrección que nos llevara a otro lugar y a otro tiempo diferente? ¿Acaso todo termina con el último suspiro…?  O, tal vez, empecemos una nueva andadura en unos nuevos caminos donde soñar sea una obligación para sentirnos seres universales unidos a la belleza de las estrellas.
Si observamos con detenimiento a los guijarros, enseguida nos damos cuentas que todas las aristas han desaparecido, y  en su lugar, prevalece un contorno suave, pulido y amoldable en sus líneas curvas a la palma de la mano.  Y, si cierras los dedos con fuerza, no te hiere, sino que notas la fuerza de su dureza en la mano que se transmite a todo tu cuerpo. Esa perfección de los guijarros en sus formas no se ha conseguido en días ni en años, sino que llevan siglos erosionándose en un camino de perfección para conseguir esas formas ovaladas y pulimentadas tan características en su belleza pétrea.
Llevan los guijarros -desde el principio de la “Creación”- rodando hacia el mar por torrenteras y valles, desgastándose y golpeándose hasta conseguir la geometría exacta que devenga su naturaleza física. El tiempo y su interminable viaje desde las altas  sierras, han acabado por dibujar sus contornos en una largo rodar sin cesar que ha durado milenios, hasta dar lugar a la más evolucionada de las posibles imágenes que pudieran darse.
La naturaleza ha hecho un trabajo constante y sin prisas, tallando con su acción de erosión la forma más exacta y perfecta que pudiera darse en un objeto. De tal manera, que de aquel trozo de roca bruta e imperfecta que un día se desprendió de la montaña para emprender un largo viaje en el tiempo y en la distancia, ahora, terminada esta carrera, se ha transformado en otra roca donde la perfección de sus líneas es el resultado final de un verdadero camino evolutivo, que, la Naturaleza ha dictado de manera inexorable…
Ha Nacido un nuevo año… Y, nosotros -seres atormentados e imperfectos-  nos allegamos desde las cumbres de nuestros nacimientos hasta nuestro mar de la verdad existencial, fluyendo raudos y constantes en el río de la vida, hacía un camino de perfección que inexorablemente nuestras almas se hallan obligadas a realizar…

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