“Empiezas echando una monedita. Un día tienes suerte y te tocan 40 euros, mañana le estás quitando a tu madre 10” y cuando te das cuenta, tienes adicción al juego. Eso es lo que le ocurrió a J.A.L., un vecino de Ceuta que ha conseguido salir del pozo de la ludopatía y ahora quiere hacer pública su historia para ayudar a otras personas y también para dar a conocer algunas irregularidades que se producen en estos espacios de juegos.
Fue hace más de 15 años cuando J.A.L. comenzó “a jugar a las máquinas recreativas” y, poco a poco, fue a más hasta empezar a ir a los salones de juego donde se jugaba parte de su dinero.
El 29 de marzo de 2017, este hombre toma conciencia de que existe “una problemática real” que le está afectando en su vida y, motu proprio, decide apuntarse en el Registro General de Interdicciones de Acceso al Juego a nivel nacional.
Esta es una herramienta del Gobierno central para la prevención y control del juego problemático. Cualquier persona puede inscribirse en él para auto prohibirse el acceso a actividades de juegos tanto en establecimientos físicos como en plataformas online con licencia en España.
Y es que, este documento, se supone, sirve para imponer a operadores de juego la obligación legal de verificar en tiempo real la inscripción en este registro antes de permitir el acceso o la participación.
De este modo, al darse de alta en este registro, J.A.L. pensaba que “era más que suficiente como para que no pudiera acceder” a los salones de juego existentes en la ciudad autónoma.
Sin embargo, no fue así. Tan solo le prohibieron el acceso en el Casino de Ceuta. En “el resto de los salones de juego y bingo y demás no había ningún tipo de problemática ni prácticamente había ningún registro de acceso”, asegura el afectado. Así, siguió jugando.
J.A.L. continuó sumergido en esta ludopatía hasta que hace unos meses algo le hace cambiar el chip y darse cuenta de que “la problemática ya es bastante nociva a nivel emocional, psicológico y económico, y no me queda más remedio que tomar una acción”.
En ese momento fue cuando decidió presentar esta problemática y el hecho de que los salones de juegos le permitan el acceso a pesar de estas inscrito en el Registro General de Interdicciones de Acceso al Juego a la Brigada del Juego de la Policía Nacional en Ceuta.
Concertó una cita con el jefe de grupo, le expone la situación y “me dice que tenga la deferencia de darle un mes para la apertura de indagaciones, que fue la palabra que me dijeron a mí. Fehacientemente me consta que la Brigada de Juego se personó en el bingo de Gran Vía”, asegura.
Un mes después, el afectado se persona en la Jefatura Superior de Colón, en donde le dijeron que “era una cuestión administrativa y que pertenecía a la propia Ciudad Autónoma, que es quien regula la normativa de juego de los salones, bingos y juegos de azar”.
Sin dudarlo, este hombre fue al OAST, perteneciente a la consejería de Hacienda, Transición Económica y Transformación Digital, y presentó un escrito en el que detallaba estos hechos para exigir “el cumplimento de la normativa vigente y acuerdos establecidos”, tal y como se puede leer en el documento.
Junto a este escrito presentó pruebas como su alta en el Registro General de Interdicciones de Acceso al Juego y las transacciones bancarias en diferentes establecimientos vinculados al juego en Ceuta.
A día de hoy, no ha obtenido respuesta, pero espera que esto sirva para ayudar a otras personas que estén en su misma situación y evitar que la adicción arruine sus vidas.
Al preguntarle a J.A.L. por qué ha decidido dar este paso y hacer público lo que ha vivido en primera persona, señala que “quiero hacer público esto porque resulta ser que eso es un tema bastante gravoso y existen lagunas, por ejemplo, en los accesos”.
Sobre la adicción al juego, lamenta que “es una dependencia muy grande. A mí me ha generado problemas serios. Problemas económicos, psicológicos y conductuales, como estar irascible, con mucha ansiedad…”.
Por ello, pide “que exista un control férreo de esas personas y que se les impida el acceso” a estos lugares para aportar su granito de arena y que puedan dejar atrás esta ludopatía.
En su caso, a día de hoy, “no le echo ni 20 céntimos a una máquina”, siendo así un ejemplo de que existe una luz al final del túnel.
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