Es lo que tiene el juego político, tan pronto te encumbran como te olvidan. El director del CETI, Antonio Bautista, no lleva ni un año al frente del centro de estancia temporal de inmigrantes. Un tiempo en el que ha cosechado varias críticas y se ha salvado de unas cuantas purgas.
Así ha sido hasta el suceso ocurrido con una enfermera y un residente en un centro cuya gestión está bajo su mando y que debe ser esclarecido completamente. En lo judicial ya hay una sentencia que recoge lo que pasó, pero queda por saber si la dirección del centro obró como debía o no.
La manifestación más directa en contra de su continuación en el cargo la ofreció ayer el propio secretario general del PSOE, Miguel Ángel Pérez Triano. No lo quieren. No hay más.
La Delegación no puede ser tan directa como en la sede de Daoiz y espera la decisión de Madrid, pero en el fondo deberían por honestidad reconocer el fracaso en su apuesta. En su día se barajaron perfiles mucho más adecuados para este puesto, incluso de profesionales que entienden en Ceuta la inmigración y los fenómenos que la rodean como nadie.
Aquí, más que ofrecer valoraciones simplonas y evidentes se debe asumir parte de la responsabilidad en torno a lo que rodea a un centro tan complejo como es el CETI. No se puede enarbolar la bandera de tener los mejores profesionales para después callar. No está de más una reflexión abierta, sobre todo porque ahora tenemos la gestión del CETI en el punto de mira, pero no es la única que salpica a ámbitos dependientes de la administración central.
Bautista, que vino a relevar a José Durán, no tiene el apoyo público de nadie. Ni siquiera quienes acudieron prestos a felicitar públicamente su elección para este puesto son capaces ahora de decir algo a su favor. Él sabrá a qué se debe.
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