Cuatro meses. Es el tiempo que han aguantado los contenedores que protagonizaron la llamada prueba piloto para recogida de residuos en la plaza Mina. Aquello nació como una idea innovadora para terminar con la mala imagen que daban los depósitos repletos de basura alrededor y marcados por los olores. ¿Los recuerdan?
La idea parecía estar bien. Casi 43.000 euros ‘le pusieron’ al niño. Tras unos meses las estructuras empiezan a presentar desperfectos mermando la utilidad pretendida y afeando esa imagen buscada de dar con un rincón que al menos alejara ese punto de lo tercermundista.
La prueba piloto se topó con una realidad que tiene que asumirse: el nivel de vandalismo por un lado y el desprecio a la normativa por otro, algo que anida entre muchos ciudadanos incapaces de asumir algo tan básico como sacar la basura a su hora, cuidar lo que es de todos o no focalizar la ira contra bienes que, además, necesitamos. Es cuestión de aceptar las normas y saber vivir en sociedad. Cualquier prueba piloto con contrato jugoso terminará sin sentido si las conciencias se empeñan en cambiar hacia lo errático y no hacia el respeto mínimo.
Desgraciadamente no es así. Tenemos desde los que prácticamente juegan al baloncesto arrojando la bolsa de basura desde donde encarte -nunca aciertan, por cierto- hasta los que aplican eso de que ‘como lo ajeno no es propio’... pues ya saben, no duele.
Ya la Ciudad debería haber escarmentado en eso de jugar a las pruebas piloto cuando sabe que nacen con la etiqueta del fracaso. Empezar la casa por el tejado nunca es buena solución, y en una ciudad en la que no existe una política adecuada para que realmente la gente aprenda a cumplir las ordenanzas siempre estaremos abocados al fracaso. No hay más.
¿Es capaz la Ciudad de confirmar que los que deben hacer valer esas ordenanzas las cumplen? No creo que puedan hacerlo porque sumarían otra mentira más que puede evidenciarse en cualquier momento.
Los resultados los tenemos en lo que vemos en las calles y en estas pruebas piloto que suenan a broma y más parecen una forma de otorgar adjudicaciones que otro fin deseado mejor.
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