La Asociación de Transportistas ha puesto de manifiesto en numerosas ocasiones la situación de presión que viven en la zona portuaria. Son ellos los que deben encargarse de sacar a los inmigrantes, adultos y menores, que se cuelan en sus vehículos antes del embarque. Los controles policiales previos carecen de sentido porque, una vez efectuados, estas personas siguen logrando llegar hasta los camiones. Día tras día se captan situaciones extremas, situaciones milagrosas, en las que los propios profesionales del sector se ven obligados a alertar a las fuerzas de seguridad porque descubren cómo entre la carga hay individuos ocultos de cualquier forma: entre chatarra, entre la basura, en huecos en los que resulta complicado entender cómo han llegado hasta allí... Y esto no es algo excepcional, se ha convertido en una rutina que va a más ya que la crisis económica y social en Marruecos unida a ese miedo por el anuncio de imposición del servicio militar obligatorio ha causado un incremento notable de jóvenes que tienen en común un único objetivo: cruzar al otro lado.
No es normal que en una noche se topen con hasta sesenta personas pululando por el puerto, no es normal que una vez son interceptados vuelvan prácticamente al momento, no es normal que si existe un filtro de control de las fuerzas de seguridad no sirva para nada porque después vuelve a haber escapes que facilitan la entrada de estas personas. Pero todo esto no es normal ni para los propios camioneros ni para los inmigrantes, que ni saben dónde se esconden ni tienen constancia de la gravedad de muchas de sus acciones. Ya no es cuestión de cerrar esta columna diciendo eso de que algún día ocurrirá una desgracia, porque esto ya ha pasado y nada se ha arreglado. Tampoco vale llorar y llorar clamando ahora a los cuatro vientos que Madrid tiene que hacerse cargo de las competencias sobre los MENA. Esto, lo sabemos perfectamente, solo servirá para que la Ciudad no tenga que desviar tanto dinero a estos menesteres pero no para cambiar la situación que se vive en el puerto y los dramas derivados de la misma.
Estamos jugando con fuego y no podemos soltar eso de que no nos enteramos de la situación o de los problemas que hay. Los sabemos perfectamente, hay documentación gráfica abundante. Los hay que están para tomar decisiones y demuestran no ser capaces de dar con la tecla más adecuada.






