Este 10 de abril acudimos al servicio de urgencias, donde mi pareja, embarazada, se encontraba en muy mal estado, con vómitos constantes, gran debilidad y visiblemente afectada emocionalmente.
Desde el primer momento solicitamos que se me permitiera entrar como acompañante, ya que ella misma lo pedía entre lágrimas debido a su estado y a la necesidad de apoyo. Sin embargo, el personal sanitario se negó en repetidas ocasiones a autorizar mi entrada, a pesar de la evidente situación de vulnerabilidad en la que se encontraba.
Cabe destacar que el servicio de urgencias estaba prácticamente vacío en ese momento, por lo que no existía una causa justificada para impedir el acompañamiento, más aún tratándose de una mujer embarazada.
Durante su atención le administraron suero, pero permaneció sola en todo momento, aumentando su angustia. Se insistió varias veces al personal médico para que reconsideraran la situación y permitieran el acceso, sin obtener respuesta favorable.
Considero que el trato recibido fue poco humano y carente de empatía, ya que en situaciones como esta debería primar el bienestar del paciente, tanto físico como emocional.
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