El silencio de las administraciones ante algo tan grave como la ocupación del CETI merece toda crítica. Que decenas de personas duerman a las puertas del centro de estancia temporal de inmigrantes sin que se adopten medidas urgentes que frenen de inmediato esta situación es irresponsable.
Que, además, los que tienen competencia en la materia, en este caso la administración general del Estado, ni siquiera mande un mensaje a la opinión pública exponiendo con transparencia lo que sucede, conformándose con la difusión de noticias confusas, resulta denunciable e indecente.
El centro está saturado, ya desde hace semanas este periódico ha venido informando de los reales niveles de ocupación y de la colocación de tiendas. Todas las medidas adoptadas bañadas por el ocultismo solo han sido un parche, nada más.
Ante esta realidad, se optó, en Ceuta, por la más torpe de las posturas: intentar ‘colar’ informaciones falsas para callar la más tozuda realidad. Hoy, esas mismas voces que alentaron la mentira son las que se ocultan evitando dar, siquiera, una solución para que el CETI vuelva a la posición debida.
Lo que fue un centro de referencia hoy es todo lo contrario. Unas instalaciones sin letrero identificativo, con gente que duerme en la calle, con todas las habitaciones ocupadas, con tiendas llenas, sin un aparente control siquiera para garantizar unos mínimos. A todo ello se añade una dirección que parece moverse en el limbo, sin un respaldo mínimo.
Las entradas en Ceuta son constantes, a pesar de que las mismas voces oficiales lo negaban. La situación se ha desbordado sin ofrecer la debida información a una ciudadanía a la que se debe.






