La situación en el puerto no es la deseada. Esto provoca que se vivan situaciones extremas que pueden dar pie a riesgos que no deberían suceder, pero suceden. Las noches en el puerto son una auténtica locura en la que hay de todo menos orden. Nadie puede entender cómo en una zona de seguridad, que además es restringida, en la que hay una señal que te advierte de las multas que se pueden imponer por burlar las órdenes, puede estar ocurriendo lo que ocurre. Las escolleras se han convertido en otro campamento, las bateas de los camioneros son saqueadas, se producen situaciones de riesgo al colarse inmigrantes dentro de las cargas de mercancía que pueden aplastarles... ¿Y ante esto qué solución se da? Ninguna.
Todos vemos lo que sucede, todos coincidimos en que no puede haber nadie en una zona restringida... pero nos miramos unos a otros desconcertados sin hallar las soluciones para evitar este descontrol. Tienen que adoptarse medidas porque si seguimos como en la actualidad estamos siendo cómplices de la generación de sucesos por los que luego nos alarmamos. La falta de acción cuando los problemas son evidentes es en sí mismo una postura que no debe consentirse, pero que se ha convertido en una norma no escrita aceptada por todos.
Hace unos meses nos llevábamos las manos a la cabeza por el incendio de coches ocurrido en el puerto, en la zona restringida. Ahora parece que nos hemos olvidado de lo que pudo llegar a pasar. Es como si dejáramos aparcada la alarma y siguiéramos con esa postura indecente de permanecer cruzados de brazos.
En esta historia las víctimas son todos. Los transportistas no tienen por qué soportar esta extraña situación que les convierte en vigilantes privados y les obliga a tener que protegerse en un lugar en el que deberían estar protegidos. Los guardias civiles y agentes destinados en la zona están desbordados y se les obliga a jugar al gato y al ratón todas las noches sin sentido alguno. Si no hay normas que se cumplan, ¿cómo un agente va a hacer que se acaten? Es una incongruencia. Los propios inmigrantes arriesgan sus vidas, pueden provocar daños colaterales y terminan generando situaciones de tensión que se vuelven en contra de todos. Y ante esto, ¿qué se hace? No se puede seguir sin aplicar medidas claras porque estamos dejando que se dé forma a una problemática de tal calado que asusta y cuyas consecuencias pagaremos todos.
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