Con tan solo seis meses de edad, este precioso gato sabe lo que es sufrir el abandono, el mismo que ya conocen muchos de los felinos que viven en las instalaciones de la barriada Postigo. Pero su historia es más trágica aún si cabe porque Manolete, como fue bautizado al llegar a la gatera, es ciego. Una enfermedad le quitó el don de la vista, dejándolo en una terrible oscuridad y privándole de una vida en un hogar donde sepan darle el amor que este cariñoso animal se merece.
Manolete fue abandonado por una familia que no valoró su nobleza, que sólo veía en él a un pobre gato discapacitado, y que tal vez pensó que por ello no se merecía una oportunidad. Lo dejaron como si fuera un objeto viejo e inservible, sin tener en cuenta que él también sufre y siente, que al llegar a un sitio extraño donde ya viven numerosos gatos, se sentiría inseguro, asustado, escuchando ruidos extraños, en manos de desconocidos y, tal vez, buscando con sus otros sentidos a los que él sí consideraba su familia.
Los que le conocen coinciden en lo mismo: es un gato mimoso que se derrite cuando recibe una caricia y que pide a gritos un nuevo hogar. Si nadie lo adopta, su destino estará marcado para siempre: pasará toda su vida en una jaula en las dependencias de la gatera. “Un gato ciego se estresa mucho en un sitio que no conoce. Si lo dejamos con los demás, le pueden atacar y, lógicamente, está en inferioridad de condiciones. Pero en una casa sería un gato normal y cariñoso”, explica Isabel Herrera, una de las voluntarias de la gatera.
¿Es lo que se merece por no tener el sentido de la vista, porque sus ojos se hayan secado por una grave enfermedad? ¿Es que su maravilloso y sociable carácter no es suficiente para merecer un hogar?. “No lo hemos recogido para que pase su vida en una jaula. El ser ciego no es impedimento para que lleve una vida normal y tranquila. No le hace falta la vista para quererlo y darle todo el amor que necesita”.
Manolete no es el único gato ciego de la gatera. Dama llegó con dos meses y la misma enfermedad la dejó sin visión. Ahora tiene ocho meses y su mundo son cuatro paredes de barrotes, mientras espera que alguien le ofrezca un hogar.
Con su mirada también perdida, Kayra es otra preciosidad de seis meses que espera tranquila en su pequeña jaula. Ciega de nacimiento un día apareció en la puerta de la gatera. Alguien la dejó allí, tal vez se la encontró en la calle o quizá la echó de su vida.
Los tres siguen esperando que alguien les ofrezca una oportunidad, alguien que comprenda que su falta de visión lo compensan con ronroneos, caricias y mucho agradecimiento.
Interesados en adoptar a alguno de ellos pueden subir a la gatera en horario de tarde, de 20:45 a 23:30 todos los días de la semana, de lunes a domingo.
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