Categorías: Sociedad

Sin dinero y sin vivienda

Asomarse a la encrespada vida de María del Carmen Maldonado da vértigo. Esta mujer que se sacude las pesadillas con un cigarro tras otro, que está desesperada, que sólo llora, tiene que pagar 13.420 euros a la Ciudad. ¿Por qué? Se encoge de hombros, mete la mano en el bolso y saca un puñado de folios. El Gobierno autónomo le pide 13.420 euros por “la redacción de un proyecto de estudio básico de seguridad y salud, dirección facultativa y obras de demolición, transporte de inertes a vertedero legal y vallado de solar resultante del inmueble sito en calle Tetuán,28”.

Lo de la calle es lo único que entiende María del Carmen cuando uno de sus hijos le lee la carta. Lo de la calle Tetuán, 28. Esa es la dirección del que ha sido su hogar y el de sus hijos durante más de catorce años. Su única propiedad. Una casa destartalada cerrada ahora con ladrillos que amenaza con engullir las casitas con las que linda. Al menos eso se lee en otro de los papeles que saca la mujer. Una maraña de palabras raras que uno tiene que leer y releer para conseguir enterarse. Esta casa que la familia de María del Carmen abandonó hace dos años por miedo a que se le cayera encima y que ahora le trae por la calle de la amargura, está declarada en “estado de ruina técnica y urbanística de la vivienda”. Y como la familia no ha hecho nada por demolerla, no ha presentado un proyecto de obra, no ha contratado una empresa para echarla abajo, la Ciudad lo hace por ella. Le busca a esta familia una empresa. Y le pone ahora la factura y la mano. Es la ley. Es eso lo que ha pasado. Y María del Carmen, que no sabe leer y que tampoco tiene los 13.420 euros que le piden, que a duras penas saca a su familia adelante con los 1.000 euros que gana su marido, con el alquiler de la casa en la que vive “que al menos es de Protección Oficial”, que tiene que hacer tareas de funambulista para sobrevivir, sólo sabe llorar. De lo demás, no entiende nada.
Cuenta la mujer que fue ella quien acudió al Palacio Autonómico para denunciar el estado en el que estaba su vivienda. Porque comenzó a agrietarse, a ceder hacia adelante. En el salón, el cuarto de baño, el dormitorio, la cocina. Y en la primera planta y la azotea. “Fue todo tras unas obras de alcantarillado que realizó la Ciudad en esta calle en el año 2008. No, fue el 2007. Tal vez a finales de 2006, es que no me acuerdo bien”. María del Carmen lo dice pero enseguida cae en la cuenta. Las preguntas le aturullan. No tiene pruebas para demostrarlo. No llamó a un perito para que diagnosticara la situación del edificio. “Pero es así, antes mi casa estaba bien, llegaron los de la Ciudad con las máquinas, para arreglar la calle y lo único que consiguieron fue esto”. María del Carmen Maldonado señala una vía, Tetuán, hundida en el centro. Eso es cierto, la calle da pena. “Esto ha provocado que mi casa fuera cediendo”. Pero es su palabra contra la de la Ciudad. Contra la de la ley, cuya maquinaria pesada sigue su paso inexorable hacia ella y la coloca entre la espada y la pared.
Ahora le piden 13.420 euros. Su hija escudriña de nuevo la cifra entre la cantidad de papeles. “Y me dicen que o lo pago, o me llevan detenida. Y que incluso la cifra va aumentando conforme va pasando el tiempo”. La mujer contesta acelerada. Otra vez el puñado de papeles en la mesa. “Yo pagué el otro día más de 100 euros en la Ciudad, pensaba que era para un arreglillo para que la casa no se cayera encima de mi vecina, y ahora me viene la multa esta, estoy desesperada”. María del Carmen tampoco entiende el fraccionamiento que la Ciudad le ha empezado a hacer de los 13.420 euros. No sabe que de esta cifra ya ha apoquinado134,18 euros. No sabe que los operarios ya han empezado a desvalijar el piso. Que han arrancado la cornisa de la azotea. Y que muy pronto su casa será un terreno baldío. No lo sabe porque nadie se lo ha explicado. La Ciudad, los políticos, los funcionarios, quien sea, le ha puesto la mano y la espalda. Y que se las apañe. Es la burocracia. La gente mira a otro lado. Y María del Carmen Maldonado sigue llorando.

 

La calle Tetuán, en el Recinto Sur, se hunde hacia el centro

El brazo de María del Carmen Maldonado señala hacia la calle Tetuán, enclavada en el Recinto Sur. Dice que la obra iniciada por la Ciudad para adecentar la vía y el alcantarillado “ha hundido la calle hacia el centro y ha hecho que mi casa, y también la del resto de vecinos, se fuera agrietando y cediera, hasta el punto de que no puedo vivir en ella, la he perdido y encima tengo que pagar”. La desesperación esta mujer la tiene inyectada en los ojos. “Si en ese momento hubiera denunciado o llamado un técnico podría demostrarlo”, dicen los expertos.

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