La ceutí Silvia Cazalla Canto descubrió por casualidad que un humanista neerlandés del siglo XVII había tomado el tratado La vanidad del mundo (Toledo, 1562), del franciscano Fray Diego de Estella, como base para una de sus obras. En Redes emblemáticas y cultura visual en la Edad Moderna, fruto de su tesis y editada por Eunsa, la joven analiza esta relación en la que nadie había reparado hasta el momento. Este vínculo da cuenta de las redes culturales europeas, al margen de un contexto bélico y de jactancias, ya que, explica Cazalla, “las humanidades vuelan por encima de la guerra, de la política”.
La obra de Frans van Hoogstraten, Antesala del alma (Rotterdam, 1668), es un libro de emblemas, un género publicado entre los siglos XVI y XVIII, especifica la investigadora, que “conforma la base ideológica de la mentalidad en toda Europa”. En las imágenes de estas publicaciones aparecen símbolos y unas poesías breves que explican su significado. Los mensajes que transmitían eran de carácter moral, político o religioso. Estas obras sirvieron tanto para educar a los príncipes, como en el caso de Baltasar Carlos, hijo de Felipe IV, com para que los sacerdotes impartieran sus sermones desde el púlpito.
“Me encuentro con un libro de emblemas holandés que, literalmente, está siguiendo los argumentos de La vanidad del mundo”, revela la ceutí. Y Silvia Cazalla se preguntó cómo era posible que un humanista protestante del siglo XVII hubiera tomado como base un tratado católico del siglo XVI.
“Fray Diego de Estella tuvo una fortuna editorial maravillosa porque no es que el tratado se editara solo en nuestro país, sino que fue traducido a todas las lenguas que te puedas imaginar, incluso el árabe; está mandando un mensaje de carácter moral a la población que les sirve a todos los credos”, apunta la doctora. El franciscano fue el predicador de Felipe II y tan crítico con las vanidades que hasta señaló al rey, lo que le valió un enjuiciamiento de la Inquisición.
El neerlandés, Hoogstraten, era un humanista y tenía una imprenta. Editó varias veces el tratado hasta que decidió convertirlo en el libro de blemas. “Hace un complejísimo proyecto editorial en el que está traduciendo La vanidad, pero no solo la está traduciendo, la está sintetizando”, aclara la investigadora. Hoogstraten convirtió los 100 capítulos del religioso español en sesenta e introdujo imágenes con símbolos inspirados en la literatura emblemática europea. Para ello utilizó una amplia variedad de fuentes.
A este humanista “se le ha estudiado muy poquito”, lamenta Cazalla: “Siempre ha estado a la sombra de su hermano, que era discípulo de Rembrandt. Estoy intentando sacarlo a la luz porque él tiene entidad propia como un humanista”. En la portada de la obra de la ceutí se aprecia una pintura del hermano de Hoogstraten, que también se inspiró en esta corriente basada en la fugacidad de la vida y la intrascendencia material, vanitas, que se popularizó en el Viejo Continente.
“Lo que más me interesa es que estamos en un contexto supercomplejo de la Europa del siglo XVII”, señala Silvia Cazalla en referencia a las numerosas contiendas y al reciente división de la Iglesia católica. Asegura que Hoogstraten intentaba “mandar un mensaje de paz, de conciliación de una vez por todas de una Europa tan quemada por las guerras”. “Ya va siendo hora de que se acabe esa idea de España contra los Países Bajos. Fue una guerra civil porque en las tropas de Carlos V y en las tropas de Felipe II hay protestantes; no es una guerra de religiones, la religión se utiliza como una herramienta para la guerra”, expone.
Silvia Cazalla Canto está especializada en el estudio de simbología, en especial la de la muerte. Hipocondríaca confesa, su interés sobre esta cuestión surge de una “batalla intelectual” en la que, admite, lleva inmersa desde hace años sobre qué hay después de la vida.
La investigadora, nacida en Ceuta en 1991, es graduada en Historia del Arte por la Universidad de Málaga y tiene un máster en Estudios Avanzados en Historia del Arte español por la Universidad Complutense de Madrid. La tesis, en cambio, la trabajó gracias a una beca de la Universidad de Navarra. Cazalla forma parte del grupo de investigación TrivuUN (Teatro, Literatura y Cultura Visual) de esta institución navarra y de un proyecto de la Universidad de Málaga sobre grabados en España y Latinoamérica provenientes de imprentas andaluzas. También imparte clases en un diploma sobre el Siglo de Oro en la Universidad de Piura (Perú).
Apasionada por el arte y la enseñanza desde pequeña, se considera afortunada por participar en varios proyectos dada “la precaria situación en la que están los investigadores en España”, aún más difícil, añade, en el caso de las Humanidades. “Vivimos en un mundo en el que, si lo que haces no tiene productividad inmediata no sirve”, denuncia la ceutí.
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