Ceuta es la ciudad de las Siete Esencias. Al menos eso dice el eslogan con el que los responsables de vender su imagen –cara al “turismo” (que a los de aquí nada tienen que vendernos. ¿O sí?)-, la presentan.
Escribo esto en el mes de mayo. Bonito mes.
En mayo el campo de Ceuta huele a flores. Mil flores. Los brezos derraman su aroma por los montes haciéndose hueco entre los que, generosos, esparcen érguenes, retamas, majuelos y juagarzos. El aire de poniente baja dulce desde los altos de García Aldave.
En estos meses de primavera los montes de Ceuta realmente huelen a esencia.
Recuerdo que hace dos años, una estudiante que llegó desde la península para iniciar sus estudios de DUE, preguntada por sus padres acerca de la impresión que le había causado nuestra ciudad –ninguno de ellos había estado antes aquí (ni siquiera haciendo la mili)-, les contestó que “Ceuta olía”.
Pero no era a flores a lo que se refería nuestra estudiante de importación. No. Se refería al olor a fecales que diariamente, en su camino de casa a la Escuela de Enfermería, percibía en los alrededores de la entrada al Parque del Mediterráneo y del Gran Casino de Ceuta, tanto a nivel de Compañía de Mar como del Paseo de la Marina, producido por las instalaciones de saneamiento que allí se ubican.
Sí. Ceuta también huele a fecales.
Y huele en la entrada al Mercado Central y en el Paseo de las Palmeras a causa del invento de colector de pluviales abierto a todo lo largo de su recorrido con esas rajitas que igual sirven para que entre el agua de lluvia como para que salgan los olores de todo lo que allí se deposita y descompone. ¿Es que el antiguo sistema de sumideros sifónicos (esto es, que evitan la salida de olores) ya no sirve?. ¿Es que los que correspondan no han oído hablar del término técnico “cierre hidráulico”?.
Y también huelen las muchas heces que inocentes perros van dejando en todas la aceras bajo la estúpida mirada ausente de sus estúpidos dueños.
Cierto es que cada vez menos, pero abundan. Y sin ninguna justificación (ni siquiera el que hace más de seis meses que Sanidad Animal dejó de suministrar las bolsas higiénicas con las que había acostumbrado –y educado- a los propietarios de perros a ser responsables), y de forma totalmente impune.
Y huelen sus mil contenedores de basura, alrededor de los cuales se agrupan sus habituales rebuscadores encargándose de destripar todas y cada una de cuantas bolsas, cuidadosamente anudadas, ha ido depositando la ciudadanía. Y de destriparlas diaria e impunemente; y en todos y cada uno de los contenedores ceutíes.
Viajando, y no solo por capitales sino por pueblos de modesto padrón y recursos, observas que el soterramiento de contenedores no es ciencia ficción.
Y huelen sus dos riachuelos de fecales que desembocan en plena playa de Benítez. A pesar de lo que hoy publica El Faro acerca de la excelencia de la calidad de las aguas de nuestras playas, incluida Benítez. Obviamente el muestreo para llegar a esa conclusión se ha realizado lejos de estos frecuentes y conocidos puntos de vertido.
Y huele cualquier esquina, escalera o rincón que se encuentre algo al abrigo de miradas, por mor de servir de urinario improvisado y obligado ante la inexistencia de evacuatorios públicos donde poder aliviar higiénicamente tal necesidad fisiológica. El ejercicio de apnea que es forzoso realizar para bajar desde la Marina al Parque, y en general a toda Cía. de Mar, atravesando los mingitorios que son sus escaleras, no es apto para determinadas edades o constituciones físicas.
También viajando –viajar, fuente de conocimiento- se observa el amplio repertorio de recintos o sistemas que en otras urbes se disponen para relajo de vejigas, desde el más simple, de coste ínfimo y prácticamente sin mantenimiento, hasta el más sofisticado e higiénico.
Y ha olido, y mucho, el paseo peatonal del Hacho por el relleno de detritus de la vaguada de Las Cuevas. ¿Seguirá oliendo en el futuro?
¿Nada?
Y ¿seguro que no olerá la planta depuradora de aguas residuales del Hacho?. Colocada estratégicamente entre los cementerios cristiano, hebreo e hindú, inmediata al futuro parque periurbano de Santa Catalina, y colindante al citado paseo peatonal de circunvalación al Hacho, mucho me temo que no pasará inadvertida a nuestras narices cuando, con el sistema abierto instalado, comience a funcionar. Ojalá me equivoque.
Siete las esencias y mil los olores.
Ceuta está odorizada,
¿Quién la desodorizará?,
El buen desodorizador que la desodorice,
Buen desodorizador será.
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