El mejor arma contra el Sida continúa siendo la prevención y la información. Fueron las dos ‘medicinas’ con las que se evitó la propagación masiva de esta enfermedad que nació el siglo pasado y que unos años después parece haber caído en el olvido.
Sin embargo, basta con hacer un poco de memoria para recordar la alarma que generó el virus del VIH en la década de los 80. Entonces se conocía poco de la enfermedad, había dudas sobre su modo de transmisión y existía un gran recelo en la sociedad hacia las personas que portaban el virus o habían desarrollado la enfermedad.
Hoy muchas de aquellas situaciones se repiten, con la importante diferencia de que el Sida ha dejado de ser mortal en la mayoría de los casos para convertirse en una patología crónica que hace necesario un minucioso control del paciente a lo largo de toda su vida. Sin embargo, actualmente, en determinados sectores de la población, sobre todo los compuestos por personas jóvenes y de mediana edad, ha vuelto a aflorar el desconocimiento. Se pudo comprobar ayer con motivo de la celebración del Día Mundial contra el Sida. Los voluntarios de Cruz Roja explicaron a El Faro que entre los ciudadanos que se acercaron a las mesas informativas que instalaron en el Paseo del Revellín había personas que desconocían cómo prevenir la enfermedad y cuáles eran las vías de transmisión del VIH. Precisamente fueron éstas (la prevención y la información) las principales ‘medicinas’ que evitaron en el pasado siglo mayor mortandad hasta que se ideó un fármaco para detener la enfermedad.
Otra lucha que también se ganó hace un par de décadas fue la de la discriminación que sufrían hasta entonces los pacientes, a los que se evitaba en todos los ámbitos sociales y a quienes los prejuicios y la desinformación hacía doblemente víctimas.
Hoy, cuando el Sida parecía una enfermedad superada tanto por las medidas de prevención, como por las campañas de información y concienciación, vemos que aunque habíamos derrotado a la enfermedad en múltiples batallas, aún no hemos ganado la guerra definitiva. Hace falta volver a ‘vacunar’ a la población con los mismos ‘fármacos’ que permitieron arrinconar al VIH hace unos años si no queremos que el Sida se convierta de nuevo en aquella pesadilla que ya teníamos casi olvidada.





