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Sexto día de alarma: la obsesión por la limpieza y un día más de encierro

Ceuta se adapta a un confinamiento obligado que, quienes no lo entienden, aprenden a base de multas

Sexto día de alarma y sexto día de confinamiento para los ceutíes. Estar en sus casas es de obligado cumplimiento y quienes no lo entienden terminan aprendiendo a base de sanciones. Para ello están las fuerzas de seguridad presentes, actuando, con apoyo de unidades militares que han salido a la calle para prestar esa cooperación sobre los vehículos que transitan por las carreteras y van ocupados por más de una persona.

El sexto día de obligada estancia en el hogar solo se capea con algunas salidas circunstanciales para hacer las compras en comercios y para bajar la basura o sacar las mascotas a la calle. Se lleva como se puede, sobre todo es más difícil cuando hay niños en casa a los que les resulta complicado poder asumir que la calle está prohibida. Y lo está por la salud de todos.

La limpieza se ha convertido en una obsesión. Se limpia y se baldea mucho más que antes, se desinfectan todas las zonas posibles como parte de las labores también enmarcadas en la contención de la expansión del virus. En cada rincón se aprecia mucha mayor presencia de las unidades de limpieza que en otras ocasiones. Y es que algo ha cambiado: la temida expansión del coronavirus hace reforzar aún más los servicios que se consideran básicos.

No se sabe el tiempo en el que las órdenes obligarán a un confinamiento en las casas, lo que sí se sabe es que los que participen de estas advertencias colaborarán en el mayor reto que persigue no solo Ceuta sino todo el resto de España: que la salud venza a la fuerza que pueda adquirir un virus que ha conseguido parar no solo un país sino todo el mundo.

En la calle hay más policías, guardias civiles, militares, pero también personal de Protección Civil y de Cruz Roja, que incluso toma la temperatura a la entrada del Hospital. Y en este sexto día de alarma hay escenas anómalas respecto de un día normal. Como este viernes con un mercado de Hadú vacío o las paradas de taxis en donde los profesionales desinfectan sus vehículos, en una flota que se ha reducido notablemente y que trabaja por turnos.

Los asalariados, los contratados, se lamentan de la situación en la que viven. La crisis del coronavirus se va a cebar con ellos hasta el punto de que muchos temen verse en el paro, sin hacer casi carreras y sin llegar a cumplir con un número de carreras para poder llevarse algo a la casa.

Y los butaneros, qué fuera sin ellos y sin su servicio de reparto de botellas a domicilio. Van por las distintas barriadas abasteciendo de uno de los recursos básicos, junto a otros tanto repartidores de diferentes servicios como el de alimentación, por ejemplo, que garantizan que todo pueda llegar hasta el hogar venciendo al coronavirus. Sexto día. Queda por delante ganar la batalla.

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