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“El sentido de la vida cuando la vida cambia de sentido”

Por Ramón Rodríguez Casaubón
30/10/2026 - 11:07
“El sentido de la vida cuando la vida cambia de sentido”

EFE

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Hay frases que parecen un juego de palabras hasta que la vida nos obliga a detenernos en ellas. Hay trenes que se detienen cuando otros jamás debieron iniciar la marcha. Sueños suspendidos en la memoria de los vivos. Despedidas abruptas que no permiten ni emitir un suspiro. Sufrimiento tan intenso que solo deja un hueco allá donde antes estuvo el alma. “El sentido de la vida cuando la vida cambia de sentido” contiene una de esas paradojas que, en un principio, nos pueden hacer esbozar una tímida sonrisa, inmediatamente asaltada por una invitación a pensar. Pues sentido significa tanto propósito como dirección: ¿qué ocurre con lo que creemos que da valor a nuestra existencia cuando el camino que seguíamos desaparece?

Como defensa, consciente o inconsciente, nos parapetamos en el trabajo, algún proyecto, una vocación, etc Construimos nuestra identidad alrededor de aquello que esperamos alcanzar sin percibir que estamos construyendo nuestra particular habitación del pánico. Rara vez la vida respeta nuestros planes o las trayectorias delineadas en el mapa que nos guiaba. No confundamos la desaparición del propósito con la inabarcabilidad del mismo.

La diferencia importa ¡y mucho!: abre la posibilidad de revisar nuestras prioridades sin fingir que el dolor no existe. A veces, en demasiadas ocasiones, vivimos vectorialmente, como si el destino fuese una suerte de línea recta. En cualquier instante, un giro imprevisto del guion colectivo o personal, una instrucción mal dada, un sistema de apoyo que falla, un imprevisto irresoluble, hace saltar por los aires el sueño de la razón para sumergirnos en las profundidades de las pesadillas.

Es en ese preciso instante cuando cobra fuerza una de las premisas más desafiantes de la condición humana: el verdadero sentido de la vida aparece, precisamente, cuando la vida cambia de sentido.

El existencialismo alude a que el sentido no siempre está dado de antemano, de hecho, casi nunca: también lo construimos con nuestras decisiones. El estoicismo, por su parte, propone distinguir entre lo que no podemos controlar y la respuesta que sí podemos elegir. Ninguna de estas ideas convierte una desgracia en algo deseable; más bien nos ayudan a velar nuestras emociones y recuerdos como paso previo a la supervivencia anímica y física.

Frente a la disrupción, la primera reacción suele ser la oposición. La lógica lineal nos empuja a intentar reconstruir el pasado, a buscar obsesivamente las viejas respuestas para una realidad que ya ha, y nos ha, cambiado todas las preguntas. Empecinarse en continuar por la senda que se desvanece únicamente conduce a la frustración y a la vacuidad existencial. La estabilidad emocional no depende de la rigidez, sino de la capacidad para encontrar un nuevo “para qué” que nos ilusione a la par que nos otorgue una cierta seguridad. El sentido jamás será una materialización estática de nada sino una entelequia en perpetua transformación. Y no debe ser buscado en una epifanía, ésta llegará sin más si previamente nos cobijamos en la cotidianidad como proyección hacia la excepcionalidad.

La historia de la humanidad no ha evolucionado desde la quietud o la inmovilidad, sino a través de crisis. Situaciones catárticas que reconfiguraron cosmogonías. Nos encontramos con nosotros mismos en los puntos de inflexión, lugar equidistante con los sentidos que revelan nuestra verdadera naturaleza obligándonos a desarrollar la resiliencia.

Aceptar que las circunstancias externas escapan a nuestro control es el primer paso; asumir que la actitud con la que las enfrentamos es de nuestra absoluta responsabilidad es el segundo. Lo siguiente llega irremediablemente: comprender que cambiar de rumbo no debe significar en ningún momento quedarse sin destino.

Terminamos como empezamos, con el aforismo de Soul Etspes: “El sentido de la vida cuando la vida cambia de sentido es el auténtico sentido” o dicho de otra manera, “El arte de la supervivencia es recalcular la ruta”

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