Ya lo narró, mejor que nadie, mi siempre admirado Ricardo Lacasa. Las medidas de seguridad dispuestas en el Muelle cada vez que contamos con la visita extraordinaria de un barco han llegado a un límite tan extremo que resulta imposible cualquier acercamiento por parte del ciudadano.
Los perímetros de seguridad acordados afectan no solo a aquellas personas que quieren llegar al Muelle para ver de cerca los barcos y fotografiarse con ellos sino también a los medios de comunicación, que, en casos como la visita de los buques rusos, tenemos que conformarnos con trabajar a distancia. La Autoridad Portuaria tiene sus razones.
Los perímetros de seguridad acordados caen en los extremos
La situación que atraviesa la zona y los problemas generados por la entrada de indocumentados en barcos que han tenido que regresar a puerto una vez iniciadas las travesías han hecho muchísimo daño.
Pero se ha llegado a un extremo tal que este tipo de visitas se han convertido en extrañas, alejadas de una ciudad marinera, más próximas a la exhibición virtual que a una cercanía con los ciudadanos que tienen los mismos derechos que otros a poder disfrutar de unos paseos y unas costumbres perdidas. No vale eso de anteponer seguridad a disfrute cuando seguro que existen puntos intermedios.






