He leído con atención el artículo publicado por CCOO Enseñanza bajo el título “Primera Evaluación”. Y creo que precisamente porque hablamos de algo tan importante como la seguridad de nuestros centros educativos, merece la pena responder con tranquilidad, pero también con claridad.
Lo primero que quiero dejar claro es algo muy sencillo: nadie debería alegrarse más que nosotros de que durante los primeros días de clase no haya ocurrido ningún incidente. Como joven, como representante de estudiantes y como alguien que lleva semanas preocupado por la situación que estamos viviendo en Ceuta, lo último que quiero es que ocurra algo dentro o fuera de un centro educativo.
Que no haya ocurrido ningún incidente es una buena noticia. Por supuesto que lo es.
Pero hay una cuestión que no podemos confundir: que no haya ocurrido un incidente no significa automáticamente que todas las medidas comprometidas se hayan cumplido.
Y ahí es donde creo que el artículo de CCOO se equivoca al plantear el debate.
Se habla de que determinadas entidades hemos salido públicamente a reclamar seguridad y se llega a calificar esa actuación de irresponsable por poder generar desconfianza entre las familias. Incluso se afirma que se está trasladando a los padres y madres que están llevando a sus hijos a lugares no seguros.
No comparto esa interpretación.
Pedir que se cumplan las medidas de seguridad anunciadas no es decir que los colegios sean lugares inseguros. Es precisamente intentar que sigan siendo lugares seguros.
Y tampoco creo que debamos reducir la seguridad a contar cuántos policías, guardias civiles o militares vemos en la puerta de un centro educativo. La seguridad es mucho más que una fotografía. Tiene que ver con planificación, prevención, coordinación, recursos y capacidad de respuesta.
Precisamente por eso, si desde diferentes sectores educativos se ha advertido que algunas de las medidas comprometidas no se estaban cumpliendo como se había anunciado, creo que es legítimo exigir explicaciones.
¿De verdad podemos considerar irresponsable que una organización educativa pregunte por qué una medida anunciada no se está llevando a cabo?
¿De verdad debemos pedir silencio hasta que ocurra un incidente para poder hablar de seguridad?
Creo que sería un error.
También me llama especialmente la atención que se plantee que estas cuestiones deberían haberse tratado “de manera discreta y sin alarmismos”. Estoy de acuerdo en una cosa: no debemos generar alarma innecesaria. Pero discreción no puede significar silencio.
Las familias tienen derecho a saber qué medidas existen. El alumnado tiene derecho a sentirse seguro. El profesorado tiene derecho a desarrollar su trabajo con garantías. Y las organizaciones que representan a la comunidad educativa tienen derecho a reclamar cuando consideran que algo no se está cumpliendo.
No podemos esperar a que ocurra algo para decir después que quizá deberíamos haber actuado antes.
Además, hay una cuestión que me parece fundamental: las diferentes entidades que han hablado sobre seguridad no tienen por qué coincidir en todo, pero tampoco deberían ser presentadas como parte del problema por hacer pública una preocupación.
Podemos discrepar. Podemos discutir. Podemos incluso considerar equivocada una determinada interpretación. Pero no creo que sea justo señalar públicamente a quienes están intentando defender algo tan básico como la seguridad de nuestros estudiantes.
Y mucho menos insinuar que esas organizaciones están sembrando miedo entre las familias.
Desde el movimiento estudiantil hemos defendido siempre que los centros educativos tienen que ser espacios seguros. Y precisamente por eso no podemos aceptar que la seguridad se convierta en una cuestión política, sindical o partidista.
No estamos hablando de CCOO contra el Ministerio. Ni del Foro de la Educación contra la Delegación. Ni de unas organizaciones contra otras. Estamos hablando de nuestros estudiantes.
Los jóvenes no necesitamos que las instituciones educativas se enfrenten entre ellas. Necesitamos que se sienten en una misma mesa, que compartan información y que expliquen qué medidas existen realmente.
Y si las medidas funcionan, perfecto. Seremos los primeros en reconocerlo.
Pero si alguna medida comprometida no se está cumpliendo, también tendremos que decirlo.
Porque la seguridad no puede medirse únicamente por los incidentes que no han ocurrido. La prevención consiste precisamente en trabajar para que esos incidentes nunca lleguen a ocurrir.
Por eso creo que este debate debería servir para algo mucho más útil que señalarnos unos a otros: para comprobar qué se prometió, qué se ha cumplido, qué falta y qué podemos mejorar.
No quiero que las familias tengan miedo de llevar a sus hijos al colegio.
Pero tampoco quiero que las familias tengan que confiar ciegamente en que todo está bien simplemente porque, por suerte, todavía no ha ocurrido nada.
Entre el alarmismo y el silencio existe un punto intermedio: la responsabilidad.
Y esa responsabilidad consiste en preguntar, exigir respuestas, comprobar las medidas y trabajar conjuntamente.
La seguridad de nuestros centros educativos no debería tener colores políticos ni siglas sindicales.
Debería tener una única prioridad: nuestros estudiantes.
Adil Hamed Cañibano







Las madres y padres necesitamos que se pongan todas las medidas de seguridad posibles. Tiene que haber policía o militares en los trayectos a los centros para disuadir a los inmigrantes de que hagan algo a nuestros hijos. La presencia militar y policial da tranquilidad a los niños y a los padres