A nadie escapa, porque son hechos objetivos, que la Policía Nacional está desarrollando una buena labor en la barriada del Príncipe.
Desde que pusieron en marcha controles para buscar armas y erradicar la delincuencia común, se han intervenido cuatro pistolas (una de ellas simulada). Además se está contando con el apoyo de la amplia mayoría de la barriada, que ve con buenos ojos el tener una mayor presencia policial en las calles, el disponer de una garantía para que no se pierda la autoridad. Se acaba de empezar un operativo en el que la Jefatura Superior confía plenamente, esperando lograr mejores frutos y conseguir que se retome cierta tranquilidad en la zona. No se podía permitir la situación a la que se había llegado, con robos a diario, con amenazas empleando arma de fuego, con la existencia –de todos conocida– de gran cantidad de pistolas y el poder creciente de cuatro niñatos convertidos en líderes de pequeñas bandas. El CNP, encargado de mantener la seguridad ciudadana, tiene que estar en el barrio, patearse como lo está haciendo el Príncipe, recuperar la sintonía quebrada con el vecindario, acercarse como ya lo hizo con dos visitas a los centros escolares con motivo de la festividad del Patrón. Hacer normal la presencia policial o la relación vecino-policía es el objetivo para que haya resultados y para que los residentes de la barriada, siempre marcados, siempre metidos en el erróneo saco generalista de la delincuencia, puedan vivir en paz y tranquilos. Se está trabajando bien, se marcha en la buena línea. Ojalá no termine quebrándose. Eso depende de todos.





