Última reunión de la comisión de investigación del caso Urbaser. Y a pesar de que ya se había anunciado por parte del equipo de gobierno que no se aceptaría la petición socialista de que siguiera abierta la citada comisión, volvieron a la carga y se encontraron con la lógica respuesta. Se decretó el fin de fiesta. Una comisión de investigación que no ha servido absolutamente para nada, porque como muy bien se ha defendido, resulta que todo lo que se quería conocer estaba en el prolijo expediente de Urbaser. Las comparecencias no han servido para nada, pero para nada. Y hasta quienes se convirtieron en adalides de la comisión, como fue el PSOE, dejaron descabezada su representación porque su máximo representante tomó las de Villadiego al poco de comenzar y así ha estado hasta el último día. Por tanto, como decía el otro día el portavoz del Gobierno, el PSOE nada más que quiere las cosas “para bombo y platillo”. Lo único que buscan es el titular mediático y no hay otra razón para pedir que se mantuviera abierta la comisión de investigación. No ha existido una comisión de investigación en la historia que no haya tenido un punto y un final, salvo ésta, porque los socialistas preferían dejarla aparcada para cuando tuvieran ganas de volver a revolver lo que no tiene nada que revolver.
Esta comisión, en el fondo ha sido una auténtica pantomima, pero no porque desde el Gobierno no se pusiera a disposición de los partidos políticos toda la documentación y se dejara que se citara a cuantos quisieran, sino porque no tenía razón de existir. Se pretendía que fuera un púlpito diario para su impulsor, pero pronto entendió que era mejor irse a otros menesteres porque no tenía donde rascar. Para perder el tiempo es mejor que no invente.





