Nunca se vio tanto miedo; nunca se vio tanta tristeza. Nunca se vio tanta luz; nunca se vio tanta ceguera. En el principio contaré el día en que la enfermedad mental llamó a mi puerta, mi ingreso, mi psicosis, mi tempestad postrera. A veces, la vida nos atenaza con su círculo infernal, donde hay muchas preguntas y muy pocas respuestas. Mi mente viajaba en pos de un tiempo perdido, cuando primaban los errores y también las ausencias.
Hasta que uno comprende que su mente es vulnerable, y que puede dar lugar a falsos juicios, es necesaria la acción de un médico. Un médico receptivo, que te ponga los pies en el suelo y que diagnostique tu padecimiento, por momentos esquivo.
El médico te explicará que tu cerebro está enfermo, y que tu salvación pasa por un adecuado medicamento. El seguimiento y rigor en la medicación es ley inaplazable en la rutina de la persona con enfermedad mental. De no ser así, pueden llegar a darse situaciones de infelicidad, y de mucho desasosiego. Aquí, diré que la prioridad de ACEFEP es que aquel que tiene que convivir con la enfermedad mental tenga una oportuna atención sociosanitaria (y no solo medicamentosa).
Lamentablemente, a día de hoy, la realidad asistencial en Ceuta pasa de ser deficiente a ser preocupante. Cuando estábamos inmersos en la lucha por un tercer psiquiatra, con su correspondiente ayudante especializado, y por la puesta en marcha de una comunidad terapéutica donde enseñar a la gente a convivir con su enfermedad, nos encontramos que la Unidad de Salud Mental de Otero lleva cerca de tres meses sin titular.
Comprendemos la baja del psiquiatra, pero los casos de gente descompensada se suceden y la gestión de recetas se hace con dificultad. Un enfermo mental sin medicación ni consejo puede desorientarse con facilidad. Por no hablar de un paciente en crisis. ¡Necesitan ayuda!
Ya sabemos que la enfermedad mental es un apartado incómodo, por cuanto costoso, para el Sistema Nacional de Salud, pero estamos cansados de ser el vagón de cola de la atención sociosanitaria, y de ver a nuestro prójimo cómo sufre, y cómo se desangra por dentro, ante la mirada impávida de la administración.
Yo, gracias al cielo, me encuentro bien. Mi doctor, por quince años, Alberto Fuentes, ha sido testigo de mis progresos. Sin embargo, reitero que un sólo psiquiatra para una población como la de Ceuta, es muy poco. Así, que hay queda nuestra reivindicación.
Nunca se vio tanto amor; nunca se vio tanta entrega. Nunca se vio tanto adiós; nunca se vio tanta espera.
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