La comitiva política acudía ayer a San Amaro, previo aviso a los medios de comunicación, para testimoniar su preocupación por el estado de la barriada. Todo ello, después de las intensas lluvias y después de que los vecinos lanzaran el particular basta ya saliendo de sus casas. Es lo malo de los políticos, que reaccionan cuando el ciudadano muerde. Y no siempre lo hacen, lo que es aún mucho peor.
Los residentes en San Amaro tenían miedo y con razón. Llevan años denunciando el estado de las balsas, la situación de degradación de muchas partes de la barriada, el peligro que acecha sobre las viviendas. Las borrascas la han castigado sin piedad, hasta el punto de hacerles temer la pérdida de sus hogares.
Ayer, en tromba, como las riadas, llegaron los políticos para estrechar la mano, para ver lo qué sucede y para
prometer ante los medios que trabajarán. Eso dicen, aunque los problemas que saca a la luz el vecindario son los mismos de hace años; problemas a los que no dieron solución.
Es lo de siempre, hace falta más calle y menos despacho. El político no tiene que hacerse la foto en reuniones improvisadas, tiene que estar en los barrios día sí y día también, saber sus problemas para dar soluciones inmediatas, no cuando salen en la prensa o los propios residentes sacan la mayor de sus iras en redes sociales.
Hoy es San Amaro, pero hay muchas más barriadas que arrastran problemas tan antiguos que parece mentira que sigan estando presentes.
Más calle, menos despacho; más reuniones sin medios delante, menos promesas. Cuando esto no se entiende nos entregamos al más puro esperpento.






