Existen todavía en la sociedad del siglo veintiuno personas ajenas, o al menos eso parece, a la guerra montada alrededor del deporte rey, al ruido del motor del bólido que pilota Alonso, a los golpes ganadores de Nadal, ciudadanos que apuestan el tiempo libre en quemar energías al son que marcan otras pasiones.
“La mía comenzó hace ocho años”, recuerda Cristina Gómez, joven ceutí amante de la salsa, “recibiendo instrucciones en una escuela de salón, fallando al principio pero, poco a poco, tomándole el pulso hasta llegar a dominar las claves de un arte que rebosa hermosura por los cuatro costados”.
Buena parte del dominio que exhibe hoy Cristina, lo fraguó fuera de Ceuta, en ciudades como Cádiz y Málaga donde asistía a congresos dedicados por entero a la salsa y otros ritmos latinos de similar ejecución: “Allí comprendí que mi ciudad se merecía tener una proyección más sólida y que debía hacerse un esfuerzo por introducir y fomentar el arte de la salsa, que es mucho más que un simple baile, es algo así como una terapia antiestrés, recomendada por médicos, porque cuando estás concentrado en un paso, ninguna preocupación ronda por la cabeza y sí buenas vibraciones, de hecho jamás he visto ningún mal gesto, ninguna pelea en una clase o en un congreso de salsa porque es como si la gente fuera con la idea de la diversión metida en la cabeza ”.
Así fue como Cristina, de regreso a Ceuta, ideó la posibilidad de dar clases particulares, pero el pensamiento no cristalizaba en realidad hasta que, en su camino, se cruzó Monchi, uno de los socios del pub ‘Divine’, “que se interesó en la idea y ofreció la posibilidad, que acepté con mucho gusto y agradecimiento, de que el pub fuera el lugar elegido para desempeñar las clases de salsa”.
El proyecto resultó un éxito “ya desde el primer mes, donde se apuntaron ochenta personas, que con el paso del tiempo llegaron a ser cerca de dos cientos”, asegura con orgullo la profesora. De aquella etapa que se extendió “durante cuatro o cinco años”, Cristina recuerda, entre otras cosas, que “incluso nació la Asociación de Salsa de Ceuta”.
Pero de aquel primer triunfo –ahora el segundo está a punto de arrancar: regresan las clases–, Cristina fue apartándose “un poquitín, debido a circunstancias familiares, como el cuidado de mis niños o a obligaciones laborales que precisaban máxima concentración”. No obstante, Cristina deja claro que “la pasión por la salsa nunca la he perdido, porque vivir sin bailar, me sería prácticamente imposible”.
Ahora, formando tándem con Alberto Vallejo, regresan las clases “de salsa, lineal y cubana, de chachachá, de merengue y de bachata”; de este modo, ya hay fecha y lugar para el comienzo de esta nueva etapa: miércoles catorce de septiembre, “de nuevo en el cómodo salón del ‘Divine”, donde ya pueden acudir los ciudadanos para inscribirse si así lo desearan. A partir de ese día, cada lunes y miércoles, las clases se dividirán en dos turnos, el primero, de ocho a nueve de la tarde, orientado para los alumnos de iniciación, y de nueve a diez de la noche, donde bailarán aquellas personas que tengan un nivel avanzado.
Asimismo, el curso, según indica Cristina, cuenta con ofertas especiales para las parejas unidas sentimentalmente, “porque dentro de la pista el disfrute es libre, individual y sin más compromiso que la diversión y la vida sana”, reivindica una profesora que ya calienta motores.
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