La crisis en Ceuta ha dejado una realidad especialmente dura para las mujeres y las niñas que cruzaron la frontera. Sin dinero, lejos de sus familias y sin un lugar estable donde vivir, cientos de ellas permanecen ahora en asentamientos improvisados del Príncipe y Sidi Embarek, donde esperan mientras se les reubique en algún otro lugar con mejores condiciones de salubridad.
Su vulnerabilidad se ve además agravada por los episodios de violencia que se han producido durante estas semanas. Algunas de estas jóvenes han sufrido agresiones por parte de otros inmigrantes y los responsables de los asentamientos reconocen que son frecuentes los intentos de acceder a los espacios donde permanecen las mujeres y niñas.
Por ello, voluntarios y algunos de los propios inmigrantes que se encuentran en la zona se han organizado para controlar los accesos y evitar que entren hombres en estos campamentos.
En el barrio del Príncipe, algunas de estas jóvenes reconocen que tienen miedo a salir y que desconocen qué pueden encontrarse fuera del asentamiento.
Desde el momento en el que pisaron territorio español, se han producido agresiones por parte de inmigrantes hacia el colectivo de mujeres que también llegaron desde Marruecos, una situación que aumenta todavía más su vulnerabilidad. Los responsables y voluntarios de los asentamientos aseguran que algunos hombres intentan acceder a estos espacios de manera habitual.
Un voluntario que trabaja diariamente con las chicas explica que llevan semanas reclamando recursos básicos para ellas. “Llevamos más de dos semanas pidiendo que nos traigan la ducha y todavía no nos la han traído. No se duchan, tienen que bajar a la playa.”
La falta de instalaciones obliga a las jóvenes a desplazarse para poder realizar algo tan básico como asearse. En el asentamiento del Príncipe, aseguran, llevan aproximadamente dos semanas esperando la instalación de una ducha.
Entre las jóvenes que permanecen en el asentamiento del Príncipe encontramos a la joven Widad, de 17 años y natural de M’Diq, en Marruecos. Llegó a Ceuta acompañada por una amiga después de conocer que muchas personas estaban cruzando hacia la ciudad. El miedo y la incertidumbre no fueron suficiente para frenarla.
Durante sus primeros días en Ceuta, ambas fueron acogidas en casa de una mujer que decidió ayudarlas. Allí permanecieron más de una semana antes de trasladarse al asentamiento del Príncipe, donde ahora conviven con otras jóvenes que han terminado convirtiéndose en su principal apoyo.
La llegada de cientos de personas, en su mayoría hombres, hizo que estas chicas quedaran expuestas a una situación especialmente delicada. Sin embargo, Widad explica que también encontró solidaridad entre quienes habían llegado desde Marruecos. “Ellos nos ayudaban. Los chicos del Rincón nos ayudaban a quienes no sabíamos nadar y se ayudaban entre ellos.”
Una red de apoyo que, en algunos casos, ha sido fundamental para sobrevivir a los primeros días en Ceuta, cuando no sabía dónde ir ni cómo comunicarse con su familia, pues perdió su móvil en el mar cuando intentaba cruzar la frontera.
Widad decidió abandonar Marruecos pese a saber que no encontraría una situación sencilla al llegar a España. Su familia atravesaba dificultades económicas y ella había comenzado a trabajar en un restaurante, pero los ingresos eran insuficientes para cubrir las necesidades familiares.
Su madre es quien sostiene económicamente a la familia y su padre depende de los cuidados familiares. Widad también juega al fútbol y sueña con poder encontrar en España una oportunidad para desarrollar su futuro.
“La situación en Marruecos ya era complicada”, explica la joven al recordar las condiciones en las que vivía. Para ella, cruzar la frontera era una oportunidad para intentar cambiar su vida. “Quiero un futuro mejor”.
Se comunica con su madre cuando puede, es con la única con la que habla. Al preguntarle por la opinión de su madre, sonríe y cuenta que ella lo único que quiere es que su hija se cuide y que esté bien.
Widad asegura que su intención es permanecer en España y que no contempla regresar a Marruecos como sí han hecho muchas otras chicas. Regularizar su situación es ahora su principal esperanza.
La mayoría de estas jóvenes llegaron con la expectativa de poder solicitar protección y comenzar una nueva vida. Sin embargo, el paso de los días ha hecho que la incertidumbre aumente.
Un voluntario en el asentamiento del Príncipe reconoce que muchas llegaron pensando que los procedimientos serían diferentes. “Todas venían un poco con la idea de que les iban a regularizar la situación”.
La situación se repite en Sidi Embarek, donde otro asentamiento improvisado acoge a mujeres y menores. Allí, las condiciones de salubridad son también especialmente precarias.
El presidente de la barriada, Abdellah Mustafa, lleva días reclamando que las jóvenes sean trasladadas a un espacio que reúna mejores condiciones. La petición pasa por abandonar cuanto antes un campamento que, según denuncian, no dispone de los servicios básicos suficientes para atenderlas.
En Sidi Embarek también ayuda diariamente Amina, hermana de Abdellah Mustafa, que acude al asentamiento para prestar ayuda a las jóvenes y conocer de primera mano sus necesidades.
La falta de recursos se suma a los problemas de seguridad. Amina alerta de que son numerosos los hombres que han intentado acceder al campamento. Ante esta situación, algunos voluntarios, entre ellos también inmigrantes que permanecen en la zona, se han organizado para controlar los accesos y proteger a las mujeres y a las menores.
La petición que trasladan es la misma: un espacio más seguro, con mejores condiciones de higiene, duchas, baños y recursos suficientes para atenderlas.
En el Príncipe y Sidi Embarek, estas jóvenes afrontan una espera que se prolonga mientras las condiciones de vida siguen siendo precarias. Algunas llegaron siendo menores, otras apenas superan la mayoría de edad y muchas han dejado atrás a sus familias y una vida marcada por la falta de oportunidades.
Hoy Widad, como muchas otras, espera en este asentamiento del Príncipe, lejos de su madre y sin saber qué ocurrirá con su solicitud de protección. Prefiere estas condiciones, dice, que la vuelta a su país de origen, pese a las trabas, la falta de higiene y las agresiones a las que puedan estar expuestas.
Su historia representa la parte más vulnerable de esta realidad: mujeres y niñas que llegaron solas, sin dinero y sin conocer qué encontrarían al otro lado de la frontera.
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Hay que búscales sus padres y que rsten con ellos .
Si tenía un trabajo en Marruecos para qué huye de su país? Que se hubiese conformado con tener para vivir y estar junto a su familia. En España hay mucha gente a la que le cuesta llegar a fin de mes también y no por eso invaden otro país.
Como no las expulsen a Marruecos va a haber un nuevo efecto llamada.