La playa del Trampolín y el CETI parecen haber adoptado una nueva normalidad. Asentamientos de inmigrantes y personas que hacen su día a día en la calle es la imagen que dejan estas zonas jornada tras jornada.
Entre la precariedad, los partidos de fútbol sobre la tierra, las chabolas improvisadas y quienes se cepillan los dientes con un trozo de rama de un árbol, encontramos historias que llenan el corazón de humanidad.
Saida Lakrouss
La protagonista de este relato es Saida Lakrouss, traductora de árabe, quien se ha solidarizado con el conjunto de inmigrantes que acampa en la Playa del Trampolín y se ha ofrecido a cargar sus teléfonos móviles, además de dotarlos de otros servicios básicos.
En muchos teléfonos móviles todavía quedan restos de agua salada. Cuando llegó a casa, se percató de que muchos de estos dispositivos no cargaban, el agua en los teléfonos móviles recuerdan que hace apenas unos días todas estas personas pasaban de manera masiva por la frontera del Tarajal.
Un día a día marcado por la espera
En la playa del Trampolín, algunos buscan sombra para descansar después de noches al raso. Otros, sin acceso a lo más básico, utilizan la rama de un árbol como cepillo de dientes.
Sin embargo, en medio de esa realidad surgen historias que devuelven parte de la esperanza. Pequeños gestos que, aunque no solucionan el verdadero problema, alivian durante unos minutos el peso de la incertidumbre.
Saida, una ceutí que decidió tender la mano
La protagonista de una de esas historias es Saida Lakrouss.
Saida aparca su coche junto a la playa del Trampolín. No representa a ninguna organización ni pertenece a ninguna asociación. Lo hace por voluntad y cuenta propia.
Su misión parece sencilla, pero para quienes esperan una llamada desde hace días tiene un valor incalculable: cargar teléfonos móviles y compartir la conexión a internet de su propio teléfono para que puedan avisar a sus familias de que siguen vivos.
“Estoy ayudando con todo lo que puedo voluntariamente. Nadie me obliga ni me lo ha pedido”, explica mientras varios jóvenes esperan su turno alrededor del vehículo.
Un 5% de batería para avisar a mamá
Su coche se ha convertido en una pequeña estación de carga improvisada. Mientras el motor permanece encendido, varios dispositivos recuperan algo de batería. Otros, cuyos dueños apenas conservan un 1% por ciento de carga, solo necesitan unos minutos.
“Me dicen: ‘Solo quiero un 5% para llamar a mi madre’. ¿Cómo les voy a decir que no?”, relata con los ojos cargados de verdad.
Nombre, contraseña y el teléfono a casa
Cuando algunos teléfonos necesitan más tiempo, Saida los recoge cuidadosamente, anota en un papel el nombre de cada propietario y la contraseña del dispositivo y se los lleva a casa. Allí, con ayuda de sus hijos, llega a cargar hasta diez móviles al mismo tiempo antes de devolverlos al día siguiente.
Su labor nació casi por casualidad. Una familiar lejana desde Tetuán le pidió ayuda para llevar a su hijo ropa y comida, un joven asmático que había cruzado a Ceuta y del que no tenían noticias.
“Para decir que estoy vivo”
Cuando llegó, todos le hacían peticiones para cargar sus teléfonos móviles y realizar una llamada a su madre. “Por favor, quiero llamar a mi madre para decirle que estoy vivo”, cuenta que le decían. Aquellas palabras marcaron un antes y un después.
“Cuando me dicen que quieren llamar a su madre se me cae el alma al suelo. Soy madre. Verlos llorar por teléfono hace que se me parta el corazón”, confiesa.
Desde entonces no solo facilita llamadas. También ha repartido ropa, calzado, agua, bocadillos, barras de pan, latas de atún y otros alimentos entre quienes permanecen en el Trampolín o en la playa de Benítez.
Desesperación de una madre
Entre todas las historias que ha vivido hay una que recuerda especialmente.
Un niño marroquí de apenas 13 años había cruzado la frontera siguiendo a otros menores, como si se tratara de un juego. Su madre, al otro lado, estaba desesperada buscándolo.
Cuando Saida consiguió localizarlo, lo llevó a su casa. Le dio una ducha, ropa limpia y comida. El pequeño, agotado tras varios días sin apenas descanso, se quedaba dormido mientras cenaba.
Al día siguiente pudo regresar con su familia.
Son historias pequeñas dentro de una crisis enorme. Gestos que difícilmente cambian una realidad marcada por la incertidumbre, la falta de recursos y la espera.
Pero que recuerdan que, incluso en los momentos más difíciles, la solidaridad sigue encontrando espacio para abrirse camino.
Porque mientras el Trampolín y el entorno del CETI parecen acostumbrarse a una nueva normalidad, personas como Saida Lakrouss demuestran que un teléfono cargado, una botella de agua o una simple llamada a una madre también pueden convertirse en un auténtico rayo de luz en mitad de la oscuridad.






Eso de las 2 culturas es un rollo, las otros dos ni están ni se las espera, que crearon los políticos, de cara a la galería, el enemigo en casa, como se puede ayudar al invasor que viene a apoderarse de tu Ciudad, alude a que son jóvenes o niños, quiere saber cuantos ejércitos del mundo tienen niños soldados?
No quejarse, hizo lo mismo con los damnificados de Valencia, con los damnificados del volcán de la Palma, con los damnificados de los incendios, de los cribados , dona sangre cada vez que se necesita, cuando se lleva dentro es lo que pasa.
¿Es un "posado" o un "robado" lo de Saida?
Entiendo a los que comentan que no hay que darles nada. Pero cuando te encuentras con la situación de frente y te miran a los ojos, nadie es capaz de decir NO. Ya sabemos que los están utilizando de carne de cañón. En otros lugares los utilizan de escudos humanos, que viene a ser lo mismo. Pero nosotros no somos como ellos, y eso mismo demuestra Saida.
No puede ser que tengamos al enemigo en casa , en su país los masacran tiran a mujeres , adolescentes y niños al mar sin escrúpulos, nos invaden con 70mil (que si el gobierno dice esa cifra son muchísimos más) cambian nuestro modo de vida , defecan y orinan en el campo santo musulmán y señalan cuales nazis a los musulmanes de Ceuta y encima resulta que nosotros tenemos que comulgar y si no somos rasestas , esto tiene que cambiar no podemos seguir siendo el juguete del rey Mohamed 6 mientras el crea un estadio lujoso y vive a cuerpo de rey nunca mejor dicho con su "amigo" el boxeador y para más inri tenemos que pagarle la fiesta y atender a su pueblo con el dinero de nuestros impuestos , basta yaaa
hay una cosa que se llama humanidad
La humanidad conlleva responsabilidad, Si tan humano/a te sientes, publica en redes tu dirección y ampara a tanta gente como puedas, para darle comida, ducha, cama etc. etc, No solo una frase para quedar bien. FALSO/A
Si, la misma humanidad que la masa procedente de Marruecos ha tenido con Ceuta ¿ Ellos han pensado en el daño que hacían? No, les importaba su vida solo, de la misma manera que a nosotros nos importa solo la nuestra.
Qué fácil es hablar con un teclado y derivar la responsabilidad en los demás. No mire usted, la humanidad debes demandarla en tu país de origen, responsable de tus miserias. Si la situación es de tan larga duración que la hace insostenible social y económicamente, que se revelen como hicieron Egipto y Tunez en la primavera árabe. Llamar a esto una crisis migratoria con una horda de personas, la mayoría en edad militar, con móviles, conexión de datos, trajes de neopreno, es de chiste. Lo de esta señora en otras épocas de la historia contemporanea se denominaban "colaboracionistas"...
Lo más humano es que se vuelvan a su país, especialmente los MENA. Dudo que lo haga gratis además, como la que ducha a 400 en su casa a diario: con el precio del agua en Ceuta o la tiene pinchada, cobra por ducha, la tiene gratis o le pasará la factura a Vivas.
Invasores go home!. Tenemos bastantes problemas aquí en España para hacernos cargos de un país donde se está construyendo el estadio más grande del mundo y no está en guerra, solo vienen por paguitas.
Se me rompe el corazón de la emoción...
Tenemos el enemigo en casa