Al Gobierno le debería preocupar, y mucho, cualquier duda que pueda surgir en torno a unas oposiciones. Que ese runrún de ‘las plazas están dadas’ cale en una sociedad, como está pasando en Ceuta, supone todo un fracaso político por mucho que se sigan sacando los votos suficientes para mantenerse en el poder.
Y lo es porque se está criando una sociedad en la que se extiende el pensamiento de que para conseguir una plaza pública tienes que elegir el camino torcido: el de saber con quién hablar, el de pegarte al poder, el de tener padrino.
Por eso cualquier reclamación, cualquier denuncia en torno a la transparencia y pureza en la obtención de un puesto de trabajo debería provocar una reacción política a la altura, con explicaciones y una clara demostración de hacer bien las cosas.
Pero no. Solo hablan y hablan, repiten los mismos mensajes, se ofenden si alguien duda de la existencia de unos caminos demasiado torcidos, cuando precisamente debería preocuparles por qué se ha llegado hasta aquí, cómo se ha permitido que nuestros jóvenes desistan de echar raíces en su tierra y buscarse un puesto de trabajo estable en la administración porque temen que ese esfuerzo termine chocando con una nota sorpresivamente destacada de otro opositor.
La reclamación presentada por un aspirante a pertenecer al Cuerpo de Bomberos debería haber provocado una reacción mucho más seria por parte de la institución municipal. Tan seria como para erradicar dudas, tan seria como para que la transparencia no presente ni una sola quiebra.
El silencio de la oposición tampoco me sorprende, quizá la vara de la fiscalización se saca solo cuando conviene.
No se puede tener una sociedad atrapada en esa normalización de lo errático, de lo podrido, de lo ‘esto está más que dado’. Se puede gobernar así, pero moralmente se está ante un grave fracaso institucional y social, porque se está dejando que coja fuerza la creencia en un sistema viciado, alejando a la juventud de su propia tierra porque nadie le ha demostrado que la simple duda se ataja de raíz con hechos, con demostraciones firmes y con acciones.
Hablar y hablar… así no se consigue nada.






