Algo no marcha bien en la Sanidad ceutí. Que Ingesa no lo reconozca resulta grave. No debe ser lógico tantas dimisiones -a pesar de que, con la última, insistan en los motivos personales-. No debe ser lógico que las críticas apunten, desde todos los frentes, hacia una sola figura, la del gerente Cabeza. Y mientras, Ingesa y su director territorial siguen a lo suyo, tapando las heridas a golpe de comunicado y vendiendo verdades a medias que son las peores de las mentiras. El ambiente sanitario está crispado, los trabajadores amenazan con movilizaciones, los sindicatos -que no olvidemos son sus representantes- se han puesto en pie de guerra... y ante esta situación Ingesa solo sabe encerrarse en su burbuja creyendo que la protesta que le está naciendo se calmará sola. No va a ser así por una sencilla razón: no se puede tratar a los trabajadores como en tiempos de don Paco, no se puede implantar una forma dictatorial de cambiar sistemas de trabajo como se pretende, no se puede organizar encuentros para imponer medidas sin contar siquiera con la voz social o con una negociación. Todas estas formas se están anulando mientras Ingesa cierra filas en torno a un modo de proceder contra el que todos están en contra. Lo grave de un área tan sensible como la sanitaria es que ya saben quiénes van a ser al final los paganos: el ciudadano.





