Han pasado algo más de dos semanas desde los días 30 y 31 de julio, cuando Ceuta vivió una entrada masiva de personas que alteró de golpe la normalidad de la ciudad. Desde entonces hemos visto despliegues policiales, militares, dispositivos sanitarios, ministros, reuniones y declaraciones. Pero, 19 días después, la pregunta sigue siendo la misma: ¿qué ha cambiado realmente y cuál es el plan para lo que queda?
La frontera está más controlada. Eso es evidente. Pero controlar la frontera no significa haber resuelto las consecuencias de lo ocurrido dentro de Ceuta.
Siguen pendientes cuestiones esenciales: conocer con precisión cuántas personas permanecen aún en la ciudad, completar la identificación de los menores, resolver su acogida, recuperar los espacios públicos ocupados y garantizar que los servicios públicos puedan volver a funcionar sin la presión extraordinaria que han supuesto estas semanas.
La propia ministra de Sanidad, Mónica García, ha negado este domingo en Ceuta que exista un colapso sanitario, pero ha reconocido que el sistema está tensionado y ha situado la principal urgencia fuera de los hospitales: proporcionar condiciones adecuadas de alojamiento, higiene, agua y saneamiento a quienes permanecen en la calle.
Y la Ciudad le ha pedido algo más: que el Gobierno central tenga en cuenta la situación excepcional de Ceuta y atienda las demandas de sus profesionales sanitarios. Juan Vivas ha definido este momento como “el más crítico de la historia reciente” de la ciudad y ha trasladado a la ministra un mensaje rotundo: “Ceuta está en peligro”.
Puede discutirse el lenguaje. Lo que no debería discutirse es que Ceuta necesita una respuesta acorde con la dimensión de lo ocurrido.
Hay que tener en cuenta que septiembre está a la vuelta de la esquina. Y hay, además, una cuestión que ya no admite demasiada espera: ¿estarán todos los colegios preparados para abrir el 8 de septiembre?
El ‘Reina Sofía’ y el ‘Príncipe Felipe’ están siendo utilizados como recursos de acogida de emergencia para menores llegados durante la crisis. Otros centros han sufrido entradas y han necesitado actuaciones extraordinarias de limpieza y acondicionamiento.
Las familias tienen derecho a saber si esos colegios estarán plenamente disponibles, cuándo terminarán las actuaciones y qué medidas de seguridad se han previsto para garantizar que los alumnos regresen a las aulas con normalidad.
Porque recuperar la normalidad no consiste solamente en que no vuelva a producirse otra entrada masiva. Normalidad es que los niños puedan volver al colegio, que las playas vuelvan a ser playas, que los servicios públicos recuperen su ritmo y que los ciudadanos sepan qué ocurrirá si volviera a repetirse una situación semejante.
Por eso, después de 19 días, resulta inevitable preguntarse si los ceutíes pueden esperar algo más que un desfile de ministros y reuniones institucionales.
Las visitas son importantes. Los refuerzos también. Pero ya no estamos en las primeras horas de una emergencia. Estamos en el momento de gestionar sus consecuencias y preparar el futuro.
Ceuta necesita cifras, plazos y respuestas. Necesita saber cuántas personas siguen aquí, qué va a ocurrir con los menores, cuándo se recuperarán completamente los colegios y los espacios públicos y qué recursos extraordinarios seguirá teniendo la ciudad.
Y necesita, sobre todo, una respuesta a una pregunta que nadie debería aplazar: ¿Cuál es el plan para que Ceuta y sus ciudadanos vuelvan realmente a esa normalidad tan ansiada?
Porque contener la frontera era imprescindible. Ahora toca resolver lo que quedó dentro.
Y eso no se resuelve con otra fotografía institucional.
Ceuta lo que precisa es un plan de Estado. Y lo necesita ya.






