Hay que hacer un llamamiento a la responsabilidad. A la responsabilidad de los sindicatos porque esta ciudad no está para posturas de "me levanto y me voy". Hasta ahora las negociaciones habían transcurrido por un sendero que se podía considerar lógico, a pesar de las tiranteces propias de un acuerdo que no es nada fácil. Sin embargo, tendríamos que preguntarnos que ha pasado de pronto para que haya llamado a arrebato y no se sepa que puede pasar. Igual que a los representantes políticas hay que perdirles la búsqueda del consenso y están dispuestos a ello, a los representantes sindicales también es necesario obligarles a tener cordura. Que sus votantes, quienes les han puesto ahí, quieren llegar a acuerdos, no que exista aunque sea remota la posibilidad, que les impongan algo que no está pactado. Hay que hacer un llamamiento a la serenidad y a la negociación. Las centrales están obligadas a volver a la mesa y si hace falta se les cierra la puerta a todos y se tira la llave y hasta que no haya un acuerdo que no salgan. Los intereses generales están por encima de los intereses particulares y ello lo deben asumir los sindicatos.





