Es lo que tiene la resaca electoral, que quienes ya han asegurado un puesto se entreguen al olvido. El PP se ha llevado el mayor número de votos, pero no es siquiera el resultado que ellos esperaban. Se mantienen y gobernarán, aunque con alianzas para sacar adelante los proyectos de envergadura.
Es ahora cuando el alcalde de este pueblo debe tener memoria y recordar que si repite es porque todavía hay gente que confía en él mucho más que en el resto. Pero la confianza no significa que haya hecho las cosas bien. Vivas se ha equivocado y mucho.
Ahora tiene dos opciones: o entregarse a la corte de pelotas y seguir mandando en plaza creyendo que todo está bien mientras hace comparecencias ante los medios de comunicación en la Gran Vía o en la plaza de los Reyes porque no se atreve a ir a otros barrios, o preocuparse de lo que no funciona en esta tierra poniendo orden en su convento para que funcione.
Ya no valen las excusas, lo único que vale es poner a funcionar un equipo que rente y que no permita situaciones grotescas como las que se han ido sucediendo. Vivas sabe que le queda esta legislatura venidera, de él dependerá si quiere irse con el deber cumplido o dejando una casa revuelta, sin barrer y con una ciudadanía que pide cosas básicas, que no quiere que se le regale nada sino solo tener los mismos derechos que el resto.
La resaca electoral tiene el peligro de olvidar pronto que se estuvo andando sobre el precipicio.
El miedo a la caída, sin ser una obsesión, debe estar presente porque es el mejor salvavidas que uno tiene para no olvidar que tan pronto te levantan como te hunden.






