El de ayer fue un pleno intenso en la Asamblea. El grupo Ceuta Ya! llevó a la sesión una propuesta para reprobar al presidente de la Ciudad, Juan Vivas, por su escasa defensa de la españolidad de esta tierra, según la formación autonomista. El presidente se mostró dolido por estas acusaciones, que calificó como “muy graves”, sobre todo por el uso del término traición y porque es la primera vez en la reciente historia democrática que se debate una proposición en los términos en los que se expresó el portavoz de Ceuta ya!, Mohamed Mustafa.
Vivas fue contundente al afirmar que “defender nuestra irrenunciable soberanía, nuestra españolidad, debe ser la primera inexcusable prioridad del presidente y alcalde de la Ciudad”.
El de ayer fue un ejemplo más de que la degradación de la política que estamos viendo en toda España en los últimos años lleva a veces a rebasar límites que hasta este momento nadie se había atrevido. La misión de quienes ocupan los escaños de la oposición es fiscalizar al gobierno de turno. Es su obligación, al igual que quien ostenta el poder tiene el deber de gestionar correctamente para que los ciudadanos reciban unos servicios públicos de calidad, por encima de los intereses partidistas.
En una trayectoria tan larga al frente de la ciudad como la que atesoran el PP y Juan Vivas, puede haber razones que justifiquen una moción de reprobación, pero de ahí a poner en duda la defensa de la españolidad de Ceuta y de su presidente hay un margen demasiado amplio que no debería sobrepasarse por parte de ningún espacio político.
Como se dijo ayer en la sesión, hay una política de Estado que no pone en duda, ni ahora ni nunca, la españolidad de esta tierra y son esas políticas estatales las que debemos cuidar entre todos para que Ceuta se equipare al resto del país en servicios esenciales. También se citó el despliegue de las capacidades de defensa, el fortalecimiento de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad; y la configuración de un modelo económico sólido y estable, centrado en la idea de más España y más Europa.
Vivas recurrió igualmente a otros argumentos sólidos a los que aspira Ceuta, como la normalización de la frontera de acuerdo con su condición de frontera exterior de la Unión Europea, tanto para el tránsito de personas como de mercancías; la limitación de la capacidad de acogida de menores inmigrantes, adultos y menores, al tamaño de nuestra población y al peso de la misma en el conjunto de España; y la compensación a la ciudad de los mayores costes derivados de los condicionantes estructurales.
Son conceptos en los que hay unanimidad social, por lo que carece de lógica poner sobre la mesa cuestiones poco verosímiles y que no están en la agenda de la ciudadanía ni en sus preocupaciones. La mayoría de los ceutíes quiere otra cosa y no que se juegue con principios y convicciones de los que nadie titubea.
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