Los cuerpos producen energía. Y esa energía no siempre fluye como debiera ni está regulada como corresponde. Ahí entra en juego el Reiki. Alejado de cualquier filosofía o creencia religiosa, lo que está claro es que aunque los análisis clínicos no han determinado que existan evidencias sobre su eficacia, pero el Reiki se utiliza como terapia complementaria en algunos hospitales y clínicas porque a los pacientes les hace bien y se ha comprobado que sí funciona para superar los efectos secundarios de una enfermedad. Un cáncer, la pérdida de varios familiares y diversos problemas que debía afrontar para continuar con su papel de madre empujó a Anabel a acudir a una terapia en busca de mejorar su desequilibrio emocional. En el Centro Asesor de la Mujer encontró la fórmula para seguir adelante. Minu Sunderdas, maestra de Reiki, imparte su taller cada mañana de lunes a jueves. Acuden mujeres, en su mayor parte con baja autoestima, que necesitan encontrarse a sí mismas o simplemente que quieren alcanzar el primer nivel de autoconocimiento interior. “Pero estamos abiertos a todos los usuarios del Centro Asesor y la diferencia de este taller con el resto es que el conocimiento que impartimos es interior. La gente debe conocerse a sí misma, quererse a sí misma antes que a nadie y a partir de ahí construir la fuerza emocional necesaria para afrontar la vida”, explica Sunderdas. Ella canaliza la energía del universo y con sus manos trata de que esa fuerza reordene y regenere la energía de la persona que apuesta por esta terapia que trata de ordenar cada uno de los seis círculos energéticos o chakras que conforman el equilibrio del ser humano. “El más dañado, por decirlo de algún modo, suele ser el emocional, el del corazón, porque somos emociones además de otras muchas cosas y se representa con el color verde”, explica a los asistentes. Pensar en la nada o en uno de los seis colores que pintan cada una de las zonas en las que se acumulan los chakras de la energía es uno de los pasos previos al estado de meditación. Respirar y seguir las indicaciones que con suavidad va desarrollando la maestra durante la sesión va introduciendo a la usuaria en un clima de paz, sosiego y bienestar que reporta “muchas satisfacciones. Quizá sean estos momentos los únicos en los que estamos a solas con nosotras mismas, tranquilas y liberadas de tensiones”, explican. Y la maestra, feliz por ayudarlas.
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