Una sensación que nos destruye por dentro, que nos frena en esa paz que queremos alcanzar con nosotros mismos. El rencor que guardamos en lo más profundo de nuestro ser durante días, meses o años. Nos corrompe en momentos en los que podríamos ser felices de verdad, no solo por una situación concreta. Es un peso al que nos condenamos nosotros mismos por causas ajenas vinculadas al fallo y la frustración.
Ese mismo sentimiento debe expirar, tomar aire y tal como vino y se incrustó en nuestra persona, dejarlo ir: hacerlo libre y lo que es más importante hacernos libres. Pero la mente es esclava de esos pensamientos que lo originan. No ven escapatoria más que negatividad: odio, ansiedad, infravaloración…
Las cosas pasan de una determinada forma y a veces no tenemos elección o no nos incumbe tenerla y nos hallamos ante un efecto colateral.
¿Cómo escapar de él? Aún me lo cuestiono de forma constante, tan punzante.
La solución definitiva se encuentra en el perdón pero, ¿cómo perdonar algo que duele tanto? Ya sea una traición, una enemistad o simplemente un desamor. El rencor nos frena a gritar, a expresar, a vaciarnos de tanto mal. Tú rencor , ¿por qué no te vas ya?
(*) oscarfrancoc10@gmail.com







No es que sea fácil dejar ir ese rencor que podemos tener hacia ciertas personas que nos han dañado, pero sí que es verdad que, tanto por nuestra salud psicológica como física, la mejor opción es dejar ir todo el rencor.
Muy buen artículo, Oscar
Un saludo