Decía José Ignacio Munilla, teólogo y obispo, que :“Cuando se pierde la esperanza de la conversión, no solo se pacta con la decadencia, sino que se termina promoviéndola”.
En esto andan algunos cargos públicos, utilizando su propio lenguaje palurdo, “cargas públicas”, con la pretendida imposición de la remodelación de un lenguaje que consideran machista; desentendiéndose o ignorando con ello la existencia del género neutro.
Entre portavozas, miembras, psiquiatros, pediatros, astronautos y pianistos, los de Podemos con el apoyo de algún que otro berzotas, se preocupan mucho del inexistente machismo de la Real Academia de la Lengua Española (RAE), su diccionario y su gramática, que son los únicos códigos que hacen que nos entendamos millones de hispanohablantes y podamos comprender lo que nuestros antepasados nos comunicaron.
Un caso ejemplarizante lo ha denunciado el académico Arturo Pérez Reverte, evidenciando que si anulamos la quinta acepción de “mujer fácil” no se podrá entender lo que escribieron Marsé, Galdós, Clarín, Pardo Bazán o Cervantes, porque es una acepción despectiva y machista, y los diccionarios socialmente correctos sólo deben contener palabras bonitas y acepciones agradables.
Menos mal que estos que le han declarado la guerra a la cultura, como leen menos que una piedra, todavía no han llegado a la definición de “mujer del partido” como prostituta.
Cuando menos, resulta chirriante que quien pretende ver una ofensa en portavoz como neutro (por cierto, voz, la voz, es femenino), se olvide curiosamente de realizar una campaña, por ejemplo, contra el uso del burka u otras posturas machistas de marcado carácter religioso como es la poligamia.
No es nada valiente ni osado atacar ignorantemente el diccionario de la RAE
No es nada valiente ni osado levantar el puño en un país capitalista del que percibes un sueldo astronómico, ni atacar ignorantemente el diccionario de la RAE.
Valientes son las mujeres iraníes que se quitan el velo jugándose la cárcel con ello. Pero eso no les importa porque hay que recordarles qué país precisamente les financiaba sus programas televisivos.
Uno percibe que un político no vale para nada cuando se mete en todo. Todavía no llego a comprender con qué autoridad y conocimientos se atreven a enmendarle la plana a los académicos.
Pronto llegarán políticos más osados que también corrijan a los académicos de la R.A. de Ciencias poniéndole tal o cual objeción a las leyes físico-químicas.
Todavía no ha quedado demostrado ningún beneficio para la sociedad con la procurada educación de género, mejor dicho, sexista, salvo la vigilancia y denuncia de terceros.
A no ser que entendamos como resultado que unos niños en el recreo se dediquen a violar a otro en lugar de estar jugando a policías y ladrones. O que adolescentes de 14 años que deberían estar estudiando anden por la calle buscando víctimas sobre las que abusar.
Reivindicar el derecho al analfabetismo se ha convertido en uno de los pilares básicos de lo políticamente correcto. Quizá haya que recordarles que el derecho humano es a la educación, a la de verdad, a la que construye sociedades con una ética que permite la convivencia en paz y justicia social.
Para algunos la justicia social pasa por lavarnos el cerebro para ser igual de iletrados que ellos.






